miércoles, 22 de octubre de 2014

La magdalena y los palillos

Se nota que te vas haciendo mayor porque cada vez con más frecuencia te ocurre que te sacude un magdalenazo de la forma más inocente. Ocurrió este último fin de semana cuando alguien preguntó en alto «¿hay palillos?». Y súbitamente aparecieron ante mis ojos un avestruz con los ojos muy abiertos diciendo «ein?» uno de los numerosos memes de internet que fueron creados en el extinto foro de Artesonado, el primer sanatorio online para lamer sus heridas artísticas. Un sitio singular donde tenía cabida cualquier aportación siempre que se cuidase la corrección ortográfica y que el trato fuera de usted: vísceras en canal, habitaciones cambiantes gracias a la magia del fotochó, productos del ateísmo, poemas singulares, golds, ene-amistades e incluso algún a-morcillo inane, pero sobre todo ingenio y risa a raudales, algo que personalmente me sirvió como preciado elixir en horas bajas. Nunca perdonaremos al Sr. Ad. que abriera las Faqs y se cargara el foro por muy justificadas razones que tuviera.


 
Un magdalenazo también puede ser líquido y en este finde de recuerdos y añoranzas he vuelto fugazmente a la tierra de la manzanilla y la visita a la bodega de La Gitana después de más de siete años de ausencia ha sido como un bálsamo reparador.

Todo ha cicatrizado bien.



P.S. Aprovecho la coincidencia de día y post para felicitar a un artesonado girl que hace hoy los años..., puede que sea el momento perfecto para matarlo... ;-)


lunes, 22 de septiembre de 2014

De fotos antiguas y postres

 Esta vez ha sido el día que la clausuraban cuando he podido acercarme a la Biblioteca Nacional y disfrutar de la estupenda exposición de Fotografía en España 1850-1870 que ha tenido lugar hasta ayer mismo; recuerden, este es un blog de no actualidad.
 


















Los brilli-brilli son producto del cristal protector. Para ver con mejor calidad una parte de las fotos de la exposición pinchad aquí.


















He elegido estas dos concretamente porque una es de -oh- Barcelona ya desaparecida y la otra de los cielos de Madrid que se pueden ver cada día a poco que se ponga interés, la meseta es lo que tiene.

Pero no solo se alimenta una de fotos, también hay que reponer fuerzas cuando una mañana de domingo ha sido dura y calurosa y es entonces cuando hay que tomar conciencia de que la comida sana es una necesidad, sobre todo a la hora de pedir un postre. Y hay algunos que ponen a prueba además tu sentido de lo que es correcto y equilibrado y te dejan pensando a qué mente perversa, -y golosa-, se le puede ocurrir elaborar un plato que se llame «lasaña de frutas». Te deja pensando, pero dejas de hacerlo en cuanto que lo pruebas. Ah, la felicidad instantánea podría ser esto, sí.




miércoles, 3 de septiembre de 2014

Dismnesia

A raíz de un reciente entretenimiento tuitero que consistía en elegir un fotograma de una serie me vino como un relámpago esta imagen:


 "Dejamos la carretera principal al llegar a Swindon
y, a medida que ascendía el sol en el cielo, nos adentramos entre muros de piedras encajadas y casas de cantería. Faltaba poco para las once cuando Sebastian, sin avisar, se metió por un camino de carro y nos detuvimos. Ahora hacía suficiente calor como para buscar la sombra. Comimos las fresas y bebimos el vino sobre un montículo cubierto de hierba mordisqueada por las ovejas, bajo un grupo de olmos (y, tal como había prometido Sebastian, la combinación de vino y fresas resultaba deliciosa), encendimos gruesos cigarrillos turcos y nos tendimos de espaldas sobre la hierba. La mirada de Sebastian estaba fija en las hojas de los árboles; la mía, en su perfil, mientras el humo gris azulado ascendía, sin que ningún viento lo estorbara, hacia las sombras verdiazules del follaje. Nos envolvía la dulce fragancia del tabaco, mezclada con los no menos dulces aromas del verano en torno nuestro, y los vapores del dorado, exquisito, vino parecían elevarnos a un dedo de la hierba y dejarnos suspendidos en el aire.
-Es el lugar perfecto para enterrar una hucha llena de oro -dijo Sebastian-. Me gustaría enterrar un objeto precioso en cada lugar donde he sido feliz, y cuando sea viejo, feo y triste podría volver para desenterrarlo y recordar."

(pág. 28 de mi ejemplar y minuto 22:50 del vídeo ut infra)


No recuerdo cuántas veces he releído ese primer capítulo hasta llegar a esta escena. Y en su cumplimiento he ido conscientemente enterrando en mi memoria cajitas llenos de recuerdos felices asociados a los sitios..., como todo el mundo, claro, pero en mis pensamientos había un guiño añadido al hecho del recuerdo. Y al cabo de los años, -una ya tiene una edad y precisamente hoy más-, y de los regresos, he podido ir desenterrando tesoros. Y en casi todas he ido encontrando cosas que aún valían la pena, aunque hubiera alguna pérdida que lamentar: balance y contrapeso, siempre hay forma de compensar aun siendo desequilibrados. Sólo ha habido una excepción en la que no he sido capaz de salvar algo por minúsculo que fuera, todo podrido, ni siquiera la memoria de los momentos felices..., la naúsea llegaba a ser hasta física. Eso ha estado pasando a todo lo largo del año pasado. Y un año después siento que la limpieza ha hecho su efecto y ha dejado paso a la nada; las mudanzas -mis mudanzas- tienen su tiempo de reposo también.


Pero estaba hablando de la escena que cual magdalena proustiana desencadena esos sentimientos que andan ocupando quietamente su hueco en los recovecos de la memoria. Y la música también tiene su parte, basta con oír los primeros cincuenta segundos del vídeo que inserto abajo que corresponden a la inconfundible y magnífica sintonía compuesta por Geoffrey Burgon de la que dijo Jeremy Irons al escucharla por primera vez en las oficinas de la productora que el compositor le había hecho la mitad del trabajo al plasmar la belleza, el anhelo y la tristeza de la memoria que persiguen a Charles a lo largo de su vida.



 Mención aparte es la de la voz de los actores de doblaje españoles: Ricard Solans como Charles Ryder y Antonio Lara como Sebastian Flyte. He intentado ver la serie en el original subtitulado, pero la disfruto muchísimo más con ellos y no me puedo imaginar otra voz para Anthony Blanche ni, por supuesto, para el padre de Charles que es tremendo, el inolvidable Luis Posada Mendoza.

Y ya sólo me falta hacer la reseña de la novela -Sebastian, Charles, Julia son compañeros de viaje que vuelven a pasar cada cierto tiempo por mi vida-, pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión ;-)

jueves, 28 de agosto de 2014

Veintiuno

Aquest any m'ha agafat la tristontuna..., que hi farem...




Si me'n vaig abans que ho facis tu, no feu gaire dol
i prepareu-vos un sopar espectacular com si fos Cap d'Any.

Si me'n vaig abans que ho facis tu, no feu gaire dol
i prepareu-vos un sopar espectacular com si fos Cap d'Any.

I que soni aquella cançó
que ens feia sentir, malgrat tot,
tan forts com quan els dos en aquell pont
comptàvem tres segons
i deixàvem caure el cos,
tan forts com l'abraçada a l'aeroport
després de perdre-ho tot.

Si me'n vaig abans que ho facis tu, no feu gaire dol
i no patiu que algú m'ha dit que es viu molt bé sense el pes del cor.

Si me'n vaig abans que ho facis tu, no feu gaire dol
i dediqueu aquells instants de no dir res, de les nits d'agost.

I tingues la certesa
que, tossut, els faré veure
que potser s'han descomptat,
que és massa aviat, que he de tornar.

Sempre que soni aquella cançó
que ens feia sentir, malgrat tot,
tan forts com quan els dos en aquell pont
comptàvem tres segons
i deixàvem caure el cos,
tan forts com l'abraçada a l'aeroport
després de perdre-ho tot. 

Quan soni la tendresa.- Joan Dausà, al seu nou àlbum "On seràs demà"

Si me voy antes de que lo hagas , no hagáis mucho luto
y preparad una cena espectacular como si fuera Año Nuevo.
Si me voy antes de que lo hagas , no hagáis mucho luto
y preparad una cena espectacular como si fuera Año Nuevo.

Y que suene esa canción
que nos hacía sentir, a pesar de todo,
tan fuertes como cuando los dos en aquel puente
contábamos tres segundos
y dejábamos caer el cuerpo,
tan fuertes como el abrazo en el aeropuerto
después de perderlo todo.

Si me voy antes de que lo hagas , no hagáis mucho luto
y no sufráis que alguien me ha dicho que se vive muy bien sin el peso del corazón.
Si me voy antes de que lo hagas , no hagáis mucho luto
y dedicad esos instantes de no decir nada, de las noches de agosto.

Y ten la certeza
que, terco, los haré ver
que quizás se han equivocado,
que es demasiado pronto, que tengo que volver.

Siempre que suene esa canción
que nos hacía sentir, a pesar de todo,
tan fuertes como cuando los dos en aquel puente
contábamos tres segundos
y dejábamos caer el cuerpo,
tan fuertes como el abrazo en el aeropuerto
después de perderlo todo.

jueves, 7 de agosto de 2014

De ciudades, exposiciones y otras cosas

A veces empiezas a vivir en una ciudad extraña por obligación y de la resignación de la aceptación, a veces, -sólo a veces-, surge el enamoramiento del lugar. Y si ocurre un traslado inesperado el duelo y el abatimiento, otra vez, te impide disfrutar de lo nuevo. Pero la adaptabilidad es la virtud de los resilientes (¿quién no es resiliente en esta vida? ¿qué remedio queda?) y poco a poco uno va mirando, luego observando y finalmente se empuja a participar aunque sea desde una distancia.
En ese poco a poco se incluyó hace unos días, bastantes ya, la visita a la estupenda exposición de Henri Cartier-Bresson en la Fundación Mapfre en Madrid que estará hasta el 7 de septiembre. En los enlaces anteriores podrán conocer todos los detalles e interpretaciones sobre la obra de Mr. Cartier-Bresson con mucho más fundamento y conocimiento de lo que yo pueda explicar. Así que a partir de aquí todo es prescindible.

Mi relación con la fotografía se mueve entre la impotencia y el asombro. Mi intención al hacer fotos es que salgan técnicamente perfectas y reflejen la realidad, pero en este afán de vez en cuando sale alguna por error que es magnífica y, de repente, se me abren expectativas que luego vuelven invariablemente a la realidad. Y dado que una no es capaz de inventar al menos sí cabe inspirarse en el trabajo de otros, a ser posible evitando la copia. Por ello me gusta ver fotos, pero no muchas, y el blanco y negro no lo llevo bien. Me pasa como con la poesía, me lleno enseguida. Por ello cuando vi que la exposición tenía lugar en dos plantas del edificio solo pensé que al menos allí dentro había aire acondicionado. Y me dispuse mansamente a hacer el recorrido. Y poco a poco me fui enganchando a su ojo. Porque para ser fotógrafo además de oficio has de tener ojo. Y tacto, ver fotos de gente me gusta tanto como me perturba a pesar de vivir en un mundo donde la exposición pública sea la norma; me resulta especialmente difícil tanto el retrato posado como el robado. Y sí, tengo un absurdo pudor respecto de los desconocidos, pero me encanta ver cómo otros llegan a donde yo nunca podré.

La exposición te va introduciendo poco a poco en la forma de mirar de Cartier-Bresson y su evolución tanto en el tiempo como en la técnica. Y resulta realmente atractiva la forma de trabajar y de plasmar el instante. De hecho sales pensando que tampoco sería tan complicado..., y ahí es donde te das cuenta de que te ha ganado la partida, otra vez.

Que me ha gustado un montón y que yo que ustedes no me la perdería y ahora mismo ya falta menos de un mes para que termine. Y es gratis, además.

Y mientras tanto va transcurriendo agosto feixuc i mandrós... vital i enganxós...