miércoles, 3 de septiembre de 2014

Dismnesia

A raíz de un reciente entretenimiento tuitero que consistía en elegir un fotograma de una serie me vino como un relámpago esta imagen:


 "Dejamos la carretera principal al llegar a Swindon
y, a medida que ascendía el sol en el cielo, nos adentramos entre muros de piedras encajadas y casas de cantería. Faltaba poco para las once cuando Sebastian, sin avisar, se metió por un camino de carro y nos detuvimos. Ahora hacía suficiente calor como para buscar la sombra. Comimos las fresas y bebimos el vino sobre un montículo cubierto de hierba mordisqueada por las ovejas, bajo un grupo de olmos (y, tal como había prometido Sebastian, la combinación de vino y fresas resultaba deliciosa), encendimos gruesos cigarrillos turcos y nos tendimos de espaldas sobre la hierba. La mirada de Sebastian estaba fija en las hojas de los árboles; la mía, en su perfil, mientras el humo gris azulado ascendía, sin que ningún viento lo estorbara, hacia las sombras verdiazules del follaje. Nos envolvía la dulce fragancia del tabaco, mezclada con los no menos dulces aromas del verano en torno nuestro, y los vapores del dorado, exquisito, vino parecían elevarnos a un dedo de la hierba y dejarnos suspendidos en el aire.
-Es el lugar perfecto para enterrar una hucha llena de oro -dijo Sebastian-. Me gustaría enterrar un objeto precioso en cada lugar donde he sido feliz, y cuando sea viejo, feo y triste podría volver para desenterrarlo y recordar."

(pág. 28 de mi ejemplar y minuto 22:50 del vídeo ut infra)


No recuerdo cuántas veces he releído ese primer capítulo hasta llegar a esta escena. Y en su cumplimiento he ido conscientemente enterrando en mi memoria cajitas llenos de recuerdos felices asociados a los sitios..., como todo el mundo, claro, pero en mis pensamientos había un guiño añadido al hecho del recuerdo. Y al cabo de los años, -una ya tiene una edad y precisamente hoy más-, y de los regresos, he podido ir desenterrando tesoros. Y en casi todas he ido encontrando cosas que aún valían la pena, aunque hubiera alguna pérdida que lamentar: balance y contrapeso, siempre hay forma de compensar aun siendo desequilibrados. Sólo ha habido una excepción en la que no he sido capaz de salvar algo por minúsculo que fuera, todo podrido, ni siquiera la memoria de los momentos felices..., la naúsea llegaba a ser hasta física. Eso ha estado pasando a todo lo largo del año pasado. Y un año después siento que la limpieza ha hecho su efecto y ha dejado paso a la nada; las mudanzas -mis mudanzas- tienen su tiempo de reposo también.


Pero estaba hablando de la escena que cual magdalena proustiana desencadena esos sentimientos que andan ocupando quietamente su hueco en los recovecos de la memoria. Y la música también tiene su parte, basta con oír los primeros cincuenta segundos del vídeo que inserto abajo que corresponden a la inconfundible y magnífica sintonía compuesta por Geoffrey Burgon de la que dijo Jeremy Irons al escucharla por primera vez en las oficinas de la productora que el compositor le había hecho la mitad del trabajo al plasmar la belleza, el anhelo y la tristeza de la memoria que persiguen a Charles a lo largo de su vida.



 Mención aparte es la de la voz de los actores de doblaje españoles: Ricard Solans como Charles Ryder y Antonio Lara como Sebastian Flyte. He intentado ver la serie en el original subtitulado, pero la disfruto muchísimo más con ellos y no me puedo imaginar otra voz para Anthony Blanche ni, por supuesto, para el padre de Charles que es tremendo, el inolvidable Luis Posada Mendoza.

Y ya sólo me falta hacer la reseña de la novela -Sebastian, Charles, Julia son compañeros de viaje que vuelven a pasar cada cierto tiempo por mi vida-, pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión ;-)

jueves, 28 de agosto de 2014

Veintiuno

Aquest any m'ha agafat la tristontuna..., que hi farem...




Si me'n vaig abans que ho facis tu, no feu gaire dol
i prepareu-vos un sopar espectacular com si fos Cap d'Any.

Si me'n vaig abans que ho facis tu, no feu gaire dol
i prepareu-vos un sopar espectacular com si fos Cap d'Any.

I que soni aquella cançó
que ens feia sentir, malgrat tot,
tan forts com quan els dos en aquell pont
comptàvem tres segons
i deixàvem caure el cos,
tan forts com l'abraçada a l'aeroport
després de perdre-ho tot.

Si me'n vaig abans que ho facis tu, no feu gaire dol
i no patiu que algú m'ha dit que es viu molt bé sense el pes del cor.

Si me'n vaig abans que ho facis tu, no feu gaire dol
i dediqueu aquells instants de no dir res, de les nits d'agost.

I tingues la certesa
que, tossut, els faré veure
que potser s'han descomptat,
que és massa aviat, que he de tornar.

Sempre que soni aquella cançó
que ens feia sentir, malgrat tot,
tan forts com quan els dos en aquell pont
comptàvem tres segons
i deixàvem caure el cos,
tan forts com l'abraçada a l'aeroport
després de perdre-ho tot. 

Quan soni la tendresa.- Joan Dausà, al seu nou àlbum "On seràs demà"

Si me voy antes de que lo hagas , no hagáis mucho luto
y preparad una cena espectacular como si fuera Año Nuevo.
Si me voy antes de que lo hagas , no hagáis mucho luto
y preparad una cena espectacular como si fuera Año Nuevo.

Y que suene esa canción
que nos hacía sentir, a pesar de todo,
tan fuertes como cuando los dos en aquel puente
contábamos tres segundos
y dejábamos caer el cuerpo,
tan fuertes como el abrazo en el aeropuerto
después de perderlo todo.

Si me voy antes de que lo hagas , no hagáis mucho luto
y no sufráis que alguien me ha dicho que se vive muy bien sin el peso del corazón.
Si me voy antes de que lo hagas , no hagáis mucho luto
y dedicad esos instantes de no decir nada, de las noches de agosto.

Y ten la certeza
que, terco, los haré ver
que quizás se han equivocado,
que es demasiado pronto, que tengo que volver.

Siempre que suene esa canción
que nos hacía sentir, a pesar de todo,
tan fuertes como cuando los dos en aquel puente
contábamos tres segundos
y dejábamos caer el cuerpo,
tan fuertes como el abrazo en el aeropuerto
después de perderlo todo.

jueves, 7 de agosto de 2014

De ciudades, exposiciones y otras cosas

A veces empiezas a vivir en una ciudad extraña por obligación y de la resignación de la aceptación, a veces, -sólo a veces-, surge el enamoramiento del lugar. Y si ocurre un traslado inesperado el duelo y el abatimiento, otra vez, te impide disfrutar de lo nuevo. Pero la adaptabilidad es la virtud de los resilientes (¿quién no es resiliente en esta vida? ¿qué remedio queda?) y poco a poco uno va mirando, luego observando y finalmente se empuja a participar aunque sea desde una distancia.
En ese poco a poco se incluyó hace unos días, bastantes ya, la visita a la estupenda exposición de Henri Cartier-Bresson en la Fundación Mapfre en Madrid que estará hasta el 7 de septiembre. En los enlaces anteriores podrán conocer todos los detalles e interpretaciones sobre la obra de Mr. Cartier-Bresson con mucho más fundamento y conocimiento de lo que yo pueda explicar. Así que a partir de aquí todo es prescindible.

Mi relación con la fotografía se mueve entre la impotencia y el asombro. Mi intención al hacer fotos es que salgan técnicamente perfectas y reflejen la realidad, pero en este afán de vez en cuando sale alguna por error que es magnífica y, de repente, se me abren expectativas que luego vuelven invariablemente a la realidad. Y dado que una no es capaz de inventar al menos sí cabe inspirarse en el trabajo de otros, a ser posible evitando la copia. Por ello me gusta ver fotos, pero no muchas, y el blanco y negro no lo llevo bien. Me pasa como con la poesía, me lleno enseguida. Por ello cuando vi que la exposición tenía lugar en dos plantas del edificio solo pensé que al menos allí dentro había aire acondicionado. Y me dispuse mansamente a hacer el recorrido. Y poco a poco me fui enganchando a su ojo. Porque para ser fotógrafo además de oficio has de tener ojo. Y tacto, ver fotos de gente me gusta tanto como me perturba a pesar de vivir en un mundo donde la exposición pública sea la norma; me resulta especialmente difícil tanto el retrato posado como el robado. Y sí, tengo un absurdo pudor respecto de los desconocidos, pero me encanta ver cómo otros llegan a donde yo nunca podré.

La exposición te va introduciendo poco a poco en la forma de mirar de Cartier-Bresson y su evolución tanto en el tiempo como en la técnica. Y resulta realmente atractiva la forma de trabajar y de plasmar el instante. De hecho sales pensando que tampoco sería tan complicado..., y ahí es donde te das cuenta de que te ha ganado la partida, otra vez.

Que me ha gustado un montón y que yo que ustedes no me la perdería y ahora mismo ya falta menos de un mes para que termine. Y es gratis, además.

Y mientras tanto va transcurriendo agosto feixuc i mandrós... vital i enganxós...


domingo, 22 de junio de 2014

Bitácoras, Barcelona y Libros



Pues una edición más de Bitácoras y Libros/Blocs i Llibres en Barcelona convocada para el próximo sábado 28 de junio con el añadido y excitante aliciente de una previa con cuentos eróticos (más información pinchando aquí).

Así que, una vez más y esperando que sigan siendo muchas más en el futuro, back to you/torno a tu, BCN.


Més contenta que un gínjol!





I've been down - I've been beat 
I've been so tired - that I could not speak 
I've been so lost that I could not see 
I wanted things that were out of reach

Then I found you and you helped me through 
Yeah you showed me what to do
And that's why I'm comin' back to you... yeah

Like a star that guides a ship across the ocean 
That's how your love will take me home back to you 
And if I wish upon that star - someday I'll be where you are 
I know that day is coming soon - yeah, I'm coming back to you.

lunes, 28 de abril de 2014

Diego y el orden de las cosas

Todos partimos de la ficción de creer que nos despertaremos un día más. Es lo mínimo porque sin esta convicción huelga cualquier pensamiento, actividad o propósito. Y prácticamente a esta posibilidad no le dedicamos más que unos minutos en nuestra vida, quizá porque si  nos ocurre ya no nos afectará, ya no estaremos para comprobarlo. Y sí, quizá ese es el problema, el efecto de desolación que deja en los otros.

Hace cuatro días recibí un insoportable mensaje de uasap en el que una íntima amiga mía me hablaba de su hijo de veinte años que no despertaba y cuya segunda frase incluía la palabra entierro. Inmediatamente cogimos el coche y durante las dos horas y pico de viaje hasta llegar al tanatorio la incredulidad, el estupor, el horror y las lágrimas incesantes fueron nuestros malhadados compañeros de viaje. Abrazar a mi amiga, su marido y su hija fue lo único que pude hacer porque era incapaz de articular ninguna palabra. Asistí estupefacta al relato de los hechos que se resumían en que Diego se había acostado el día 22 por la noche y al ir a despertarlo por la mañana ya estaba muerto, rígido incluso. La autopsia había concluido con el resultado de muerte natural (¿¡natural!? ¿cómo va a ser natural que un chico de veinte años se muera?) muerte súbita, sin rastro de tóxicos ni lesiones cardiacas ni de otro tipo.

Así. Sin más. Todos los padres del mundo que nos sentimos aliviados cada vez que llegan a casa nuestros hijos y damos la vuelta a la llave en la seguridad de que, por hoy, ya nada malo puede pasar..., qué absurdo. Es tan irracional que los padres sobrevivan a los hijos, es tan brutal, es tan cruel que cualquier cosa que puedas pensar deja de tener sentido.

Van pasando los días pero la sensación de irrealidad sigue flotando dentro de mi cabeza cuando no es pasto de las lágrimas que afloran como alivio. Veo a Diego de pequeño, de mayor, jugando con mi hijo pequeño..., y veo a mi amiga que tiene que seguir con su vida. Y me derrumbo una vez más.



Y no puedo dejar de añadir el comentario que hizo una señora muy mayor que venía caminando ayudada de un bastón por el pasillo central de la parroquia a la que cedí el asiento. Ella me preguntó que si sabía por qué había tanta gente y yo le dije que era por el funeral de un chico de veinte años. Y ella, que no le conocía de nada, respondió que qué hacía ella aún aquí con noventa y nueve años.

El orden de las cosas.