jueves, 7 de agosto de 2014

De ciudades, exposiciones y otras cosas

A veces empiezas a vivir en una ciudad extraña por obligación y de la resignación de la aceptación, a veces, -sólo a veces-, surge el enamoramiento del lugar. Y si ocurre un traslado inesperado el duelo y el abatimiento, otra vez, te impide disfrutar de lo nuevo. Pero la adaptabilidad es la virtud de los resilientes (¿quién no es resiliente en esta vida? ¿qué remedio queda?) y poco a poco uno va mirando, luego observando y finalmente se empuja a participar aunque sea desde una distancia.
En ese poco a poco se incluyó hace unos días, bastantes ya, la visita a la estupenda exposición de Henri Cartier-Bresson en la Fundación Mapfre en Madrid que estará hasta el 7 de septiembre. En los enlaces anteriores podrán conocer todos los detalles e interpretaciones sobre la obra de Mr. Cartier-Bresson con mucho más fundamento y conocimiento de lo que yo pueda explicar. Así que a partir de aquí todo es prescindible.

Mi relación con la fotografía se mueve entre la impotencia y el asombro. Mi intención al hacer fotos es que salgan técnicamente perfectas y reflejen la realidad, pero en este afán de vez en cuando sale alguna por error que es magnífica y, de repente, se me abren expectativas que luego vuelven invariablemente a la realidad. Y dado que una no es capaz de inventar al menos sí cabe inspirarse en el trabajo de otros, a ser posible evitando la copia. Por ello me gusta ver fotos, pero no muchas, y el blanco y negro no lo llevo bien. Me pasa como con la poesía, me lleno enseguida. Por ello cuando vi que la exposición tenía lugar en dos plantas del edificio solo pensé que al menos allí dentro había aire acondicionado. Y me dispuse mansamente a hacer el recorrido. Y poco a poco me fui enganchando a su ojo. Porque para ser fotógrafo además de oficio has de tener ojo. Y tacto, ver fotos de gente me gusta tanto como me perturba a pesar de vivir en un mundo donde la exposición pública sea la norma; me resulta especialmente difícil tanto el retrato posado como el robado. Y sí, tengo un absurdo pudor respecto de los desconocidos, pero me encanta ver cómo otros llegan a donde yo nunca podré.

La exposición te va introduciendo poco a poco en la forma de mirar de Cartier-Bresson y su evolución tanto en el tiempo como en la técnica. Y resulta realmente atractiva la forma de trabajar y de plasmar el instante. De hecho sales pensando que tampoco sería tan complicado..., y ahí es donde te das cuenta de que te ha ganado la partida, otra vez.

Que me ha gustado un montón y que yo que ustedes no me la perdería y ahora mismo ya falta menos de un mes para que termine. Y es gratis, además.

Y mientras tanto va transcurriendo agosto feixuc i mandrós... vital i enganxós...


domingo, 22 de junio de 2014

Bitácoras, Barcelona y Libros



Pues una edición más de Bitácoras y Libros/Blocs i Llibres en Barcelona convocada para el próximo sábado 28 de junio con el añadido y excitante aliciente de una previa con cuentos eróticos (más información pinchando aquí).

Así que, una vez más y esperando que sigan siendo muchas más en el futuro, back to you/torno a tu, BCN.


Més contenta que un gínjol!





I've been down - I've been beat 
I've been so tired - that I could not speak 
I've been so lost that I could not see 
I wanted things that were out of reach

Then I found you and you helped me through 
Yeah you showed me what to do
And that's why I'm comin' back to you... yeah

Like a star that guides a ship across the ocean 
That's how your love will take me home back to you 
And if I wish upon that star - someday I'll be where you are 
I know that day is coming soon - yeah, I'm coming back to you.

lunes, 28 de abril de 2014

Diego y el orden de las cosas

Todos partimos de la ficción de creer que nos despertaremos un día más. Es lo mínimo porque sin esta convicción huelga cualquier pensamiento, actividad o propósito. Y prácticamente a esta posibilidad no le dedicamos más que unos minutos en nuestra vida, quizá porque si  nos ocurre ya no nos afectará, ya no estaremos para comprobarlo. Y sí, quizá ese es el problema, el efecto de desolación que deja en los otros.

Hace cuatro días recibí un insoportable mensaje de uasap en el que una íntima amiga mía me hablaba de su hijo de veinte años que no despertaba y cuya segunda frase incluía la palabra entierro. Inmediatamente cogimos el coche y durante las dos horas y pico de viaje hasta llegar al tanatorio la incredulidad, el estupor, el horror y las lágrimas incesantes fueron nuestros malhadados compañeros de viaje. Abrazar a mi amiga, su marido y su hija fue lo único que pude hacer porque era incapaz de articular ninguna palabra. Asistí estupefacta al relato de los hechos que se resumían en que Diego se había acostado el día 22 por la noche y al ir a despertarlo por la mañana ya estaba muerto, rígido incluso. La autopsia había concluido con el resultado de muerte natural (¿¡natural!? ¿cómo va a ser natural que un chico de veinte años se muera?) muerte súbita, sin rastro de tóxicos ni lesiones cardiacas ni de otro tipo.

Así. Sin más. Todos los padres del mundo que nos sentimos aliviados cada vez que llegan a casa nuestros hijos y damos la vuelta a la llave en la seguridad de que, por hoy, ya nada malo puede pasar..., qué absurdo. Es tan irracional que los padres sobrevivan a los hijos, es tan brutal, es tan cruel que cualquier cosa que puedas pensar deja de tener sentido.

Van pasando los días pero la sensación de irrealidad sigue flotando dentro de mi cabeza cuando no es pasto de las lágrimas que afloran como alivio. Veo a Diego de pequeño, de mayor, jugando con mi hijo pequeño..., y veo a mi amiga que tiene que seguir con su vida. Y me derrumbo una vez más.



Y no puedo dejar de añadir el comentario que hizo una señora muy mayor que venía caminando ayudada de un bastón por el pasillo central de la parroquia a la que cedí el asiento. Ella me preguntó que si sabía por qué había tanta gente y yo le dije que era por el funeral de un chico de veinte años. Y ella, que no le conocía de nada, respondió que qué hacía ella aún aquí con noventa y nueve años.

El orden de las cosas.

domingo, 30 de marzo de 2014

Gorgorito

En ocasiones, pocas, todo lo que pasa en un breve espacio de tiempo confluye en la misma dirección. Y a veces, muy pocas, yo me dejo llevar. 

"La tarde en que lo conoció la tierra y el cielo parecieron confundirse.
Todo lo dejó para seguirle, cambió de hábitos, cambió de amigos y cambió
su vida entera sólo para complacerle.

"Cuando el vendaval que acabó con el amor lo devastó todo, no quedó en
pie ni el dolor, ni el rencor, ni la melancolía, sólo sobrevivió el
olvido."


"El olvido", de Pilar Aguarón.

Y me encuentro con esto también:

(extracto)

La amistad protege y el amor cura
el odio contagia y hiere
la indiferencia mata.

Lois Pereiro

Y entonces me pongo silbar esta canción:

miércoles, 19 de marzo de 2014

Aguas de marzo

Me levanto con la noticia de que quinientos inmigrantes saltan la valla en la frontera de Melilla. Y rápidamente me viene a la memoria aquel programa de lo que era la UHF en televisión española, la única entonces, que se llamaba La Clave. Se emitía los viernes por la noche y por entonces competía con el Un, dos, tres..., responda otra vez que era lo que se veía en mi casa -lo de dos televisiones era algo inimaginable- así que muy pocas veces pude verlo completo. Sí que es cierto que cuando fui haciéndome mayor me dejaban quedarme viendo la tele mientras los demás se iban a la cama, pero ocurría en contadas ocasiones, habitualmente un viernes por la noche estaba muerta de sueño de toda la semana y lo de salir era algo reservado para los sábados, si procedía. Y entonces siempre me perdía la película, con suerte llegaba a su final o a un debate ya empezado. Por cierto, no reniego de la actual locura entretenida de cualquier cosa que llamen «tertulia» o similar en la televisión actual, pero no estaría de más que hubiera debates aburridos donde la gente que sabe y tiene algo que decir se la pudiera escuchar en un discurso elaborado sin gritos ni interrupciones desabridas; quizá por eso me gusta cada vez más la radio. Inciso: aprovecho la coincidencia del post de marzo para felicitar a Toni Clapés por sus treinta años de radio que celebra hoy mismo, un dels meus estimats.

Todo este abuelocebollismo viene a cuento del recuerdo súbito que me produce cada noticia sobre inmigrantes que por todos los medios posibles intentan buscar su futuro. Vi los últimos minutos de una película donde se enfocaba a miles de inmigrantes en una playa del norte de África en cuyo horizonte se divisaba España. Esa escena era exactamente el final. No recuerdo si vi el debate, lo que no olvido es que me fui a la cama pensando que cualquier día podría pasar lo mismo. Y que si yo estuviera en su situación también lo haría: la única diferencia con ellos es que yo he nacido quince kilómetros más al norte..., el alma encogida..., no es justo.

Ni idea de aquella película, habrá que preguntárselo cualquier día a Pumares ;-)


Ah, sí, aquí hoy ha llovido, un poco, a la hora que se levantan los que tienen la suerte de tener un trabajo y no tienen que emigrar.