...que empiezan torcidos y siguen torcidos con dificultades, humanas e informáticas, donde vas saliendo como puedes a base de mucho ir tres pasitos p'alante y dos p'atrás, donde el cansancio se manifiesta desde el principio, la cabeza se satura y al final de la mañana te llega el señor mayor, impecablemente vestido con un traje de color claro y corbata, con todos sus papelitos clasificados por montones con clips y más papeles todos perfectamente ordenados, eso sí, además medio sordo, pero con unos ojillos vivarachos y una paciencia infinita ante los imponderables informáticos que tienen que estar dando la barrila hasta el final. Noventa años le contemplaban y haciendo gala de una amabilidad exquisita estuvo esperando pacientemente a que terminase mi trabajo para después decirme, cuando me daba la mano y se levantaba para irse, que se le saltaban las lágrimas. Yo, aturdida, le pregunto que por qué y me dice que es que le he atendido muy bien. En ese mismo instante se me ha pasado todo el cansancio y el malestar de la mañana y sin saber qué contestar, he balbuceado que si me dice eso, es a mí a la que se le van a saltar las lágrimas.
Hay personas que irradian luz, hoy desde luego he entrado en contacto con una de ellas.


