Es mi primera novela de Philip Roth. No será la última.
El monólogo dialogado, y la nada técnica manera de descripción de la voz utilizada para narrarnos la historia, hace al lector espectador de una larga conversación con alguien cercano y conecta desde el primer momento. Conocemos así la vida del liberal y promiscuo (todo por la libertad) profesor de literatura en una Universidad americana y su más obsesiva conquista, la cubana Consuelo Castillo. El narrador muestra su vida a retazos de su memoria del camino ya recorrido y los «cadáveres» de sus amores y familia desperdigados; a veces justificando lo injustificable, a veces exponiendo sus defectos para hacerse perdonar (no soy tan malo, es que me han hecho así).
Así a través de la conversación mantenida con su interlocutor muerto aparecen sus temas recurrentes, el sexo y la muerte, y el retrato del ambiente de su entorno como profesor universitario.
Una novela que se deja leer y que hace infumable hasta la náusea, si no lo era ya antes, la película de Isabel Coixet -Elegy-, basada en el libro.


