miércoles, 10 de enero de 2018

Luto 30/43

Últimamente he limpiado casas en las que alguien acababa de morir. Limpiar y ayudar a clasificar las cosas para que la gente se las lleve o las done a la caridad. Arlene siempre pregunta si tienen ropa o libros para el Hogar de los Padres Judíos, que es donde está Sadle, su madre. Han sido trabajos deprimentes. O los familiares lo quieren todo y se pelean por las cosas más insignificantes (unos tirantes viejos y raídos, o un tazón), o ninguno quiere saber nada de lo que hay en la casa, así que solo he de meterlo todo en cajas. En ambos casos lo triste es qué poco se tarda. Piensa en ello. Si murieras... podría deshacerme de todas tus pertenencias en dos horas como máximo.

Este párrafo me trae a la memoria cuando murió mi abuelo paterno. Mi único tío vivía fuera de España y no llegó a tiempo al entierro. Se alojó en casa de mis abuelos donde aún vivía mi abuela y rápidamente se puso organizar la ropa de mi abuelo recién fallecido para clasificarla en aprovechable para él o mi padre y la que había que llevar a Cáritas. Mi padre hizo este comentario admirado de la capacidad de mi tío, de su determinación y energía. Quizás él era la persona perfecta para realizar esa labor ya que venía fresco del sufrimiento y la agonía de los meses que estuvo mi abuelo enfermo.

También recuerdo, ya sin tener que ver con esto exactamente pero para eso es mi blog y me sirve de recordatorio de cosas, que la tarde antes de su fallecimiento fui a verle, estaba en su cama, y me despedí de él y él también me dijo un adiós de una forma que me perturbó por un momento. Esa misma madrugada murió. Y recordé también la historia que él me contó acerca de su padre que un día antes de morir estuvo despidiéndose de sus amistades, fue a misa y se confesó diciéndole al cura que es que se iba a morir. Y efectivamente lo hizo al día siguiente.

Coincidencias, seguro, tanto como que el primer post de este año sea este*. Pero yo no soy supersticiosa que eso da muy mala suerte.



*Hay alguna cosita por ahí que a ver si se esclarece y tal pero, como dijo el otro, tengamos paciencia que todo acabará mal

sábado, 2 de diciembre de 2017

Triste idiota 29/43

La soledad es un concepto anglosajón. En Ciudad de México, si eres el único pasajero en un autobús y alguien sube, no solo se sentará a tu lado sino que se recostará en ti.

Como cuando entras en una sala de cine casi vacía, eliges un sitio sin nadie en cinco butacas a la redonda y justo un minuto antes de apagar las luces se sienta alguien justo delante de ti. Y aún así hay pocas noticias de asesinatos en los cines.
Yo no lo entiendo.
(juas)

jueves, 16 de noviembre de 2017

Querida Conchi 28/43

Nunca  me acostumbraré a la comida. Cereales de desayuno, y un café tan aguachento que parece té. Y cuando me apetece tomar el té por la tarde aquí es la hora de la cena. Cuando estoy lista para cenar se apagan las luces de la residencia.

Toda la vida diciendo aguachirri y resulta que es aguachirle. Y ahora también descubro aguachento que me parece una palabra maravillosa para definir ese café americano tan propio.

Pero aguachirri es tan mono..., ains.



jueves, 2 de noviembre de 2017

Macadan 27/43


Fresco parece caviar, suena como los cristales triturados, como si alguien masticara hielo.
(...)
A mí me gustaba decir «macadán» en voz alta, a solas, porque sonaba como el nombre para un amigo.
 
Macadán:
Del ingl. macadam, y este de J. L. Mac Adam, 1756-1836, ingeniero escocés.
Pavimento de piedra machacada que una vez tendida se comprime con el rodillo.

A mí de primeras me suena a D'artacán, porque una ya tiene una edad y aún memoria, pero desconocía la palabra. Y me temo que se me olvidará porque yo a eso lo llamaba gravilla y macadán es como más rotunda. De hecho, si lo pienso, mi frase sería «como te atice un macadán, te dejo en el sitio» que es algo que pienso bastantes veces y que no hago por cansancio y recato. Lo cual me recuerda esa vieja y absurda excusa de la provocación por los motivos más inverosímiles (un tobillo, una teta, un trapo rojo, etc.). Como si los demás no nos reprimiésemos sin soltar macadanes a tutiplén según salimos de casa, eh.

martes, 24 de octubre de 2017

La vie en rose 26/43

En el vasto comedor de techos altos, las cortinas se hincha con la brisa del lago. Las hojas de las palmeras se mecen en esbeltos jarrones. Un camarero con frac sirve el consomé, otro casca huevos, pone uno en cada cuenco de peltre. Entre los dos desespinan la trucha, flambean los postres.

Y va pasando la vida mientras unos la sufren y otros vienen a la vida a veranear. Y siempre son los mismos. Todos.