lunes, 7 de enero de 2008

El despertar más hermoso

Pasaba todos los años, bueno, no siempre fueron todos los años, sólo al principio, cuando el mundo era como te lo contaban y lo dabas por bueno. Luego se supo la verdad (¿seguro que era la verdad?) y ya no podía volver a ser lo mismo nunca. Pero me equivocaba, gravemente además.
Desde 1997 resurgió con toda su fuerza, más intensa que la que sentí en aquellos años infantiles: el placer de disfrutar de la alegría ajena mayor que si fuera propia es un lujo inefable.
Desde entonces, la mañana de Reyes me reconcilia con las Navidades pasadas, presentes y futuras. Y esto ya no hay quien lo estropee.

4 comentarios:

  1. Debe haber por mi mente algún trauma infantil oculto entre los pliegues de los recuerdos (y que debe ser la raíz de algún defectillo presente), porque no recuerdo nada de aquel fatídico momento. En fin... Pero creo que entiendo lo que dices. Quizá a menor escala, pero lo puedo ver en mis sobrinos.
    Ay... no quiero ni pensar en el día que el pequeño descubra que los Reyes no compran en el Carrefour, tal y como cree ahora.

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  2. Pues yo sí recuerdo levantarme al grito de mi hermano, que era el pequeño y se despertaba antes, ¡que ya han venido los Reyes! y recorrer nerviosa el pasillo hasta el comedor descalza y con los pies helados.

    Este año el mío pequeño se puso tan nervioso que le empezó a doler la tripita y se fue a la cama sin terminar de abrir los regalos, pobrecito mío. Le duró cinco minutos después de estar hablando yo con él para que se tranquilizara.

    Cundió la mañana porque bajamos a estrenar la bici y los dos consiguieron aprender a andar sin ruedines. No sé quién estaba más satisfecho, ellos o yo.

    Qué gozada de día.

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  3. Un gustazo re-descubrirte y re-leerte, creo que me estoy re-pitiendo.
    Besos.isa

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  4. Isa, hermosa, cuánto tiempo ¿ya en tu tierra?.
    Re-ven cuando quieras.

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