jueves, 25 de septiembre de 2008

El plan b

He leído un libro de Haruki Murakami porque llegué tarde a Tokio blues: localicé el libro en una biblioteca y cuando fui a sacarlo alguien se me había adelantado. Es algo que me pasa a menudo, pero el plan b es claro: el viaje se aprovecha y se lee otro del mismo autor. Ese otro ha sido Sputnik, mi amor.

El narrador, un joven profesor de primaria, nos cuenta la historia de Sumire, una veinteañera que conoció en la Universidad de la que es su confidente y de la que se enamora quizá porque ella sólo le considera un amigo, su único amigo. Sumire vive en su mundo de adolescencia retardada con la obsesión de convertirse en novelista: vive independiente con el dinero que le proporcionan sus padres y se dedica a leer y escribir y a aparecer y desaparecer de la vida del profesor que la anima y escucha. Todo cambia cuando Sumire conoce a Myû, una mujer casada mayor que ella tan hermosa como enigmática que la ofrece trabajar como secretaria suya.

La novela destila soledad por todos sus protagonistas que conviven con ella de forma natural. La vida se aparece como la línea de un encefalograma plano, sin estridencias, hasta que Sumire se enamora y su mundo y ella misma cambian de aspecto, de actitud, de perspectiva. Pero las corazas son imposibles de romper y el que lo hace pierde irremisiblemente la partida.

Aunque la vida siga, la soledad una vez instalada se pega a la piel y forma una barrera imposible de romper. O eso es lo que nos quiere decir la novela: no estoy de acuerdo, todos sabemos que existen personas que son capaces de atravesar muros, aunque sean de titanio.

«Ya ves, continuamos viviendo, cada uno a su manera, incluso ahora», pensé. Por profunda y fatal que sea la pérdida, por importante que sea lo que nos han arrancado de las manos, aunque nos hayamos convertido en alguien completamente distinto y sólo conservemos, de lo que antes éramos, una fina capa de piel, a pesar de todo, podemos continuar viviendo, así, en silencio. Podemos alargar la mano e ir tirando del hilo de los días que nos han destinado, ir dejándolos luego atrás. En forma de trabajo rutinario, el trabajo de todos los días..., haciendo, según cómo, una buena actuación. Al pensarlo, me sentí terriblemente vacío.

3 comentarios:

  1. No conocía a esta autora nipona, me aconsejas empezar con Tokyo blues...

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  2. No conocía a esta autora nipona. Me recomiendas empezar con Tokyo blues...

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  3. Yo aún no he leído «Tokyo Blues», -lo haré, lo haré-, así que a la recomendación le faltan datos, pero he de decir que el señor Murakami no es precisamente la alegría de la huerta y no resulta nada aconsejable si uno está bajo de ánimo.
    Eso sí, a mí «Sputnik, mi amor» me ha gustado.

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