sábado, 29 de noviembre de 2008

Mañanas de sábado

Mi hija, ante la visión de sus padres en la cocina bailando una canción ochentera de la radio,

"Desde luego, yo debo de ser adoptada..."

martes, 25 de noviembre de 2008

El pequeño comercio




Hombre, pequeños-pequeños...
:-DD

jueves, 20 de noviembre de 2008

Paradoja del consumidor

La culpa es de los consumidores por gastar por encima de sus posibilidades y endeudarse con créditos que los bancos les concedían para poder seguir consumiendo.


Entonces los consumidores empiezan a no gastar porque empiezan a no tener con qué y los bancos no dan más créditos para que puedan seguir comprando.


La culpa es de los consumidores que no gastan, el consumo se reduce y las empresas tienen pérdidas y despiden a los trabajadores que ahora sí que ya no van a poder ni gastar ni pedir ningún crédito.

¿En qué quedamos?

jueves, 13 de noviembre de 2008

La Tira

La mayoría de los capítulos ya los he visto, pero esta tarde no podía dejar de reírme con La Tira (he intentado buscarlo en el iutiub y no estaba, lástima).

El Rámon, -el paleta veterano de los sketches de las eternas reformas-, piensa en voz alta después de que le den con la puerta en las narices al vendedor de libros a domicilio que ha saludado con un «¿Te gusta leer?» cuando le han abierto la puerta:

«¿Te gusta leer? ¿y de qué vivirá esta gente?»

lunes, 10 de noviembre de 2008

Qué maravilla, es lunes

Nada mejor que comenzar la semana con una sonrisa de oreja a oreja.

Pa' comérselos.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Tokio Blues (norwegian wood)

Segunda novela que leo de Haruki Murakami y segunda vez que me cuesta decir que me ha gustado después de la sensación de desasosiego que me produce su lectura. Se parece al regusto amargo del té sin azúcar «como la lluvia vertical, sin viento, propia de la estación de las lluvias que lo empapa todo de manera uniforme».
Así me deja su lectura al terminar: calada hasta los huesos y medio muda. En vez de hablar, copio un fragmento y os invito a asistir a una charla que da Albert Nolla, profesor de lengua y literatura japonesas de la Universidad Autónoma, en la biblioteca Ignasi Iglesias-Can Fabra mañana viernes a las siete de la tarde con motivo del ciclo Lletres Japoneses.

-¿No me olvidarás jamás? -me preguntó en un susurro.
-Jamás te olvidaré. No podría hacerlo.
Pero lo cierto es que mi memoria se ha ido alejando de aquel prado y son ya muchas las cosas que he olvidado. Al escribir así, persiguiendo mis recuerdos, a menudo me asalta una inseguridad terrible. ¿No estaré olvidando la parte más importante? ¿Acaso no existe en mi cuerpo una especie de limbo de la memoria donde todos los recuerdos cruciales van acumulándose y convirtiéndose en lodo?

Esto es cuando puedo conseguir por ahora: asir con fuerza dentro de mi pecho unos recuerdos incompletos que ya han palidecido y siguen palideciendo a cada instante que pasa, y escribir estas líneas con la desesperación de un hombre que va chupándose la médula de los huesos. Ésta es la única forma de mantener la promesa que le hice a Naoko.
Tiempo atrás, cuando todavía era joven y mis recuerdos eran mucho más nítidos que ahora, intenté escribir varias veces sobre Naoko. Pero entonces fui incapaz de escribir una sola línea. Era consciente de que una vez brotara la primera frase, las restantes fluirían espontáneamente, pero ésta jamás brotó. Todo era demasiado nítido, y yo nunca supe cómo moldearlo. El mapa más detallado puede no servirnos en algunas ocasiones por esta misma razón. Pero ahora lo sé. En definitiva, -así lo creo-, lo único que puedo verter en este receptáculo imperfecto que es un texto son recuerdos imperfectos, pensamientos imperfectos. Y cuanto más ha ido palideciendo el recuerdo de Naoko, más he sido capaz de comprenderla. Ahora sí sé por qué me pidió que no la olvidara. Por supuesto, ella intuía que mi memoria la borraría algún día. Por eso me lo pidió: «¿Te acordarás siempre de que existo y de que he estado a tu lado?».
Este pensamiento me llena de una tristeza insoportable. Porque Naoko jamás me amó.


I once had a girl, or should i say, she once had me.
She showed me her room, isn't it good, norwegian wood?
She asked me to stay and she told me to sit anywhere,
So i looked around and i noticed there wasn't a chair.
I sat on a rug, biding my time, drinking her wine.
We talked until two and then she said, "it's time for bed".
She told me she worked in the morning and started to laugh.
I told her i didn't and crawled off to sleep in the bath.
And when i awoke i was alone, this bird had flown.
So i lit a fire, isn't it good, norwegian wood.


Norwegian wood.- The Beatles