miércoles, 28 de enero de 2009

Hasta siempre

Como en otras ocasiones, viajé a Cuba sin conocer nada más allá de lo que uno se entera por las noticias de cada día. Y como se suele decir creer la mitad de lo que veas y nada de lo que te digan. Así iba yo, sin prejuicios ni opiniones formadas, o eso intenté.

Y lo que es ver, he visto mucho. Y también oído.

He visto y entrado en la Fábrica de Tabacos Romeo y Julieta. He visto y olido cómo la hoja de tabaco se convierte en habano gracias a las hábiles manos de los operarios que trabajaban bajo el suave acento de la voz de la lectora que lee libros para entretener e ilustrar.

He visto y visitado el museo del Ron Havana Club con toda su historia y proceso de elaboración, casi tan artesanal ahora como antes.

He visto y caminado por las calles y plazas de la Habana Vieja: la plaza de Armas y sus tenderetes de libros y pinturas, la de San Francisco y su caballero de París, la plaza vieja y su nueva fuente, el parque central y su mentidero, la plaza de la Catedral tan bella y armoniosa.
He visto y tomado un daiquiri en el Floridita y un mojito en la Bodeguita de Enmedio escuchando la ubicua Guantanamera, hoy ya irremisiblemente convertidos en lugares para turistas.
He visto y disfrutado del Tropicana cuyo espectáculo te puede llegar a trasladar a la Cuba del glamur, un "paraíso bajo las estrellas" (nombre de una de sus salas) donde la música y el baile te impregnan de ritmo, y del que me entero ahora que ha fallecido su arquitecto.
He visto y paseado por el desangelado, y sin embargo bellísimo, malecón en el suave invierno cubano al atardecer, antes de que los jóvenes tomaran posesión de él.

He visto y disfrutado de las playas de Varadero y de la excelente pianista del hotel mientras me fumaba un habano y me sabía a gloria, yo, que detesto que fumen en mi presencia.

He visto y paseado en coche de caballos y sobre todo, he charlado con Osvaldo, nuestro cochero, que me hizo ver la realidad, su realidad, más allá de los eslóganes oficiales y el repetitivo discurso televisivo público; he hablado con el escultor y aprendiz de pintor de Varadero que hablaba sin tapujos de lo que estaba ocurriendo, y con la guía que fuera de micrófono contaba su día a día, y con las camareras y..., con todo el mundo que quería hablar aunque sólo sirva para desahogarse.

Y es entonces cuando he caído de mi limbo estético, de mi extasío por aquellas edificaciones tan deterioradas como hermosas y decadentes y te das cuenta de que ahí viven personas. Casas cuyas ventanas lucen un aspa de cinta aislante para intentar burlar a los ciclones. Calles donde no se ve una sola lata tirada porque el ingenio cubano las convierte en figuras de todo tipo (bolsos, gorras, coches en miniatura, etc.) para la venta a los turistas. Gente con necesidad, pero con dignidad que les desborda.


Ha sido el único viaje en el que he vuelto con menos peso en el equipaje que a la ida. Y ni aún así se me ha quitado esa sensación agridulce.

Afortunadamente, el invierno en La Habana resulta más cálido no por sus temperaturas, sino por su gente. Y entre ella, el blog de Yoani Sánchez, imprescindible.

6 comentarios:

  1. Si el viaje produce sensaciones, aunque sean agridulce, quiere decir que ha valido la pena. Me ha encantado tu cronica cubana, incluso he llegado a oler ese habano

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  2. Muy bien! aunque te haya costado unos cuantos días... como no paras quieta... Besico!

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  3. Me alegro de que tu viaje te haya, en cierta mediad, transformado. Espero poder ir también algún día.

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  4. Gracias a todos, es un viaje que a pesar de todo merece la pena.

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  5. Mi familia acaba de venir de Cuba. Yo les pregunté que ¿qué era lo mejor del pais?
    La gente me contestaron, la gente y los atardeceres.

    También ha habido cosas que les ha puesto triste, han viajado como uno más, no como turistas y eso les deja otro paisaje abierto.

    Un abrazo y gracias por tu comentario,

    Marta

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  6. Completamente de acuerdo con tu familia. Y creo que aunque viajes como turista te das cuenta de muchas cosas.
    Gracias a ti por tu blog. Te leo, aunque comente poco.

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