sábado, 28 de febrero de 2009

Aprendiendo

Estoy teniendo mucha suerte con mis sucesivos profes de catalán: hasta ahora han sido unas personas que les gustaba su profesión, con ganas de enseñar y de escuchar y soportar a sus alumnos. Y no es fácil en los primeros cursos donde se apunta mucha gente de cualquier edad, condición y país, y con unas vidas complicadas, o al menos cambiantes. Realmente mantener el entusiasmo, y la paciencia, es digno de elogio.

Y si hay algo que se agradece es el sentido del humor. Quizá porque ahora ya estamos más avanzados y entendemos más, el caso es que el profe actual -Guillem- hace gala de un gracejo genuinamente catalán tanto dando clase como corrigiéndonos que hace que ir a clase se haga mucho más llevadero.

Por ejemplo, empezar a explicar los pronombres con la advertencia de "no us estreseu" (no os estreséis) es algo que anima a mirarlos con una sonrisa :-)
Y si además, de vez en cuando, te aderezan la clase con una canción tan confortable como ésta, mejor que mejor.


Diga’m quants de cops
T’has sentit sola enmig del món
Sense trobar el teu lloc.

Diga’m el que has vist
Darrere l’horitzó que tots duem a dins.
Has trobat el sol?

La llum és viva,
La sort ens guia,
El vent, els dies
Ens miren al passar.

Et busco entre la son,
Obrint els ulls sota els llençols
Comença un altre avui.
Et miro i tot és nou.
A fora sents la gent com va darrere el temps,
L’han perdut corrent.

La llum arriba,
L’amor ens mira,
Els anys, els dies,
La vida, un munt d’instants.

Quan es faci fosc, mai no tinguis por.
La nit a fora és freda, amor,
Esperarem tots dos que arribi el sol.

La llum canvia,
L’amor ens guia,
Els anys, els dies
Somriuen al passar.

Quan es faci fosc, mai no tinguis por

La nit a fora és freda amor
Esperarem tots dos que arribi el sol.
Quan s’apagui el món,
Quan es faci fosc
La nit, la nit és freda, amor,
Esperarem tots dos que surti el sol.

martes, 24 de febrero de 2009

Mi flor bailarina


"La alegría nace del ser, de lo que es, de lo real, y es activa. La tristeza nace del deseo, de lo que no es, de lo irreal, y es pasiva.".- Clément Rosset




sábado, 21 de febrero de 2009

Tiempo de máscaras


Carnaval, carnestolendas, carnestoltes..., van todos los niños de las escuelas marchando al ritmo de la alegría de ser otro, del disfraz prestado, comprado o inventado. Paradójicamente, son los niños los que más jubilosamente abrazan esta costumbre, los que no llevan ninguna careta puesta el resto del año, más transparentes cuanto más infantes.

Quizá habría que preguntarse si en algún momento nos mostramos sin antifaz alguno, si somos capaces de encontrarnos debajo de las máscaras habituales que adoptamos con la naturalidad de la rutina de los días, si nos reconoceríamos sin ellas.

En cualquier caso son días de alegría y diversión, y de ponerse hasta arriba de vida que dice la canción de Txetxo Bengoetxea


miércoles, 18 de febrero de 2009

Frasier capítulo 1

Roz- ¿Qué bicho te ha picado?
Frasier- Perdona, tengo un problema con mi padre y una persona que quiere contratar. Yo quería empezar desde cero. Ya tenía una imagen de cómo iba a ser mi vida... y no sé.
Roz- ¿Has oído hablar de Lupe Vélez?
Frasier- ¿Quién?
Roz- Lupe Vélez, la estrella de cine de los treinta. Bueno, su carrera se iba a pique así que decidió hacer un último asalto a la inmortalidad: pensó que si no la recordaban por sus películas, la recordarían por su muerte sonada. Lo único que quería Lupe es que la recordasen. Así que planeó un suicidio por todo lo alto: flores, cirios, un camisón de satén, sábanas de seda, un precioso peinado. Tomó su sobredosis de pastillas, se tumbó en la cama y empezó a imaginar lo preciosa que iba a salir en las portadas de los periódicos del día siguiente. Por desgracia, las pastillas no combinaron bien con la enchilada combo que lamentablemente escogió para su última cena. Fue hasta el baño dando tumbos, la pobre tropezó, cayó de cabeza al retrete y así es como la hallaron.
Frasier- ¿Me estás contando esto por algún motivo?
Roz- Sí, aunque las cosas no parecen salir como se planean, al final pueden salir bien.
Frasier- Pues es todo lo contrario a como le salieron a Lupe: la última vez la vieron en el retrete.
Roz- No, puesto que ella quería que no la olvidaran ¿y tú crees que alguien olvidaría esta historia?

Roz- Dr. Crane, tenemos a Claire por la línea 4. Creo que tiene problemas para superar una relación.
Frasier- Hola Claire, soy todo oídos.
Claire- Estoy..., ah, bueno, estoy fatal. Hace ocho meses mi novio y yo cortamos y no consigo superarlo. El dolor no desaparece..., es..., no sé, como si estuviese de luto...
Frasier- Claire, estás de luto, pero no creas que lo estás por la pérdida de tu novio: estás de luto por haber perdido lo que tú creías que iba a ser tu vida. Olvídalo. Las cosas no siempre salen como se planean, aunque eso no tiene por qué ser malo; a veces salen mejor que lo planeado.
.
.
.
¿Tú has oído hablar de Lupe Vélez?

lunes, 16 de febrero de 2009

Diez años sin Tip

El ocho de febrero se cumplieron diez años sin la presencia de Luis Sánchez Polack. Durante los años en que colaboró con Luis del Olmo en Protagonistas tuvo varias secciones desternillantes, dos que yo recuerde: los Santos Varones, que llegó a ser libro, y los timos que nos acechan. De ésta última encuentro entre mis papeles -una es de mucho apuntar, mucho guardar y no encontrar más que cuando deja de buscar- uno de ellos francamente delicioso:

El timo del curriculum vitae
Tú quieres hacer un regalo de navidad y llegas a un establecimiento y dices “Buenas, yo quiero hacer un regalo pascual”. Y dice la vendedora “Pascual, este señor quiere hacerte un regalo”. Sale Pascual, se sube al mostrador y, mientras tanto, la cuñada le dice al otro: “este señor quiere un curriculum vitae”. Qué pasa -aquí viene lo bueno-, qué pasa, que te saca el curriculum vitae y con las prisas, pagas. La gente se arremolina, de Aragón, y cuando estás en la calle pagan justos por pecadores, llegan los pecadores, se confiesan y salen absueltos.

Y siempre, no puede faltar al recordar a Tip el celebérrimo sketch del vaso de agua, pero yo soy incapaz de no unir su recuerdo al de la historia de la gamba, que me sé de memoria, y que siempre, siempre, me hace esbozar una sonrisa:

Mauricita, la gamba
Yo protejo a todas las especies. A todas. Pero donde estén los anfibios anuros -¡los anfibios anuros!- que se quite lo demás. Y la carcamusa, y la filoxera, la filoxera gambrinus, claro. Porque es verdad, a los animalitos se les llega a coger un cariño tal, que puede llegar incluso hasta la pubertad.
Recuerdo que hace años me regalaron por Nochebuena un crustáceo malcostráceo del orden de los decápodos que, como es sabido, son familia de los pénidos, que vienen a ser como el Parapeneus longuirrostrus. O sea, para que lo entiendan mejor, una gamba. Me regalaron una gamba. Una gamba viva. Y dijimos: "Bueno, la guardaremos para la cena de Nochevieja". Pero aquella gamba era de cariñosa…
Miren, dormía a los pies de mi cama; a la hora de la comida, se subía a la mesa y comía con nosotros. En fin, ¡era uno más de la familia! Mauricita le pusimos de nombre..., porque se parecía mucho a Chevalier. Y Mauricita venía con nosotros al teatro, a todos los estrenos. Nosotros le decíamos: "Mauricita, trae el periódico". Y Mauricita iba al quiosco, lo traía y te lo leía. ¡Era la alegría de la casa! ¡La alegría de la casa! Y honesta, ¡puaff!, honesta como pocas gambas y miren que yo he conocido gambas. Salía a pasear con las amigas y, claro, los chicos la chicoleaban y ella se ponía colorada, colorada… que parecía que estaba recién cocida. Pero antes de que cerraran el portal, a las diez menos cinco ya estaba en casa.
Hablar no hablaba mucho, no, pero con la mirada te lo decía todo, todo… Decía yo a mi esposa: "Amparo. me voy con la gamba a tomarme una cerveza". O "me voy a tomar una cerveza con la gamba". Era una cosa… Y lo que pasa; llegó la Nochevieja, y a ver quién era el guapo que mataba al pobre animalito.
Bueno, total que la gamba fue creciendo y creciendo se hizo una real gamba, conoció a un langostino de Vinaroz, de buena posición, se casaron y tuvieron más de quince mil quisquillas que, por cierto, dos de ellas se metieron monjas. Y los chicos, los varones, se educaron en los padres Langostinos de El Escorial. ¡Santos varones!

martes, 10 de febrero de 2009

Al sur de la frontera, al oeste del sol

Una más de Murakami, muy similar a Tokyo Blues, quizá menos lograda, aunque con un final, más bien una última frase, donde en vez de terminarla abre la puerta a que el lector la continúe.
En la línea de las novelas intimistas, es una historia de pérdidas y reencuentros, más que con otras personas, con la parte de nosotros mismos que fue una vez. La sensación de que el tiempo no se recobra, que nunca se vuelve al mismo punto, que todo sigue hacia adelante y por encima de todo.
Y como (casi) siempre, el desasosiego, el regusto amargo de la existencia y la incomprensión. Bueno, no está mal en menos de trescientas páginas.

Pág. 252 El paisaje donde posaba los ojos fue recobrando algo de color y la sensación incierta de estar andando por la superficie de la luna fue perdiendo fuerza. La gravedad se alteró de una forma extraña y sentí de una manera imprecisa, como si contemplara a través de un cristal algo que le ocurriera a otra persona, cómo iban desprendiéndose de mi cuerpo, una tras otra, todas aquellas cosas que se habían adherido a él.
Al mismo tiempo, algo que habían en mi interior se borró y se extinguió para siempre. En silencio, de una manera definitiva.

Murakami integra una vez más el título de una canción, de Nat King Cole en este caso, para narrar la historia. Yo según la leía no podía por menos que tararear esta otra: nada que decir.

Fa un temps que he estàt pensant
com canvia tot,
com ho he triat
com he arribat aqui,
i perquè vaig venir

Havia de ser i no ha estàt
tot és planejat i va i es romp
i cau dins un forat
és futur prefabricat

No ha sortit res com pensaves
supèrflua voluntat
A n'es fons ja ho esperaves
hauràs d'anar endavant

Quan mires enrere
i veus que ja no et queda
res a dins,
res a la fi quan
ja no queda res per dir

lunes, 2 de febrero de 2009

Por qué aprendería portugués...

Para poder echarme una carrera de carritos con J. de A. (¿no es adorable?)



Y de paso, entender mejor esta entrevista :

2008-11-25

Entrevista a Joaquim de Almeida para a Espiral do Tempo
'Sou o eterno mau da fita'
(vídeo)

Joaquim de Almeida conhecido ‘ao vivo’ não tem nada do macho-latino que tantas vezes 
representa no cinema. Os caracóis pretos e o ar de galã ninguém lhe tira, nem sequer o tempo que passa, mas frente-a-frente é caloroso, divertido e irrequieto. Na sua casa em Sintra, garante que apesar do passaporte norte-americano, o seu país continua a ser Portugal. De relógio novo no pulso, deixa bem claro que odeia que o façam esperar...

entrevista Isabel Stilwell fotos Kenton Thatcher

Isabel Stilwell: Durante a mostra de Veneza, utilizou um relógio Jaeger-LeCoultre, marca patrocinadora do evento. Feliz acaso ou contrato?
Joaquim de Almeida: Herdei do meu pai o gosto pelos relógios de qualidade. Como grande coleccionador, tinha um Jaeger-LeCoultre. Quando a marca entrou em contacto com o meu agente para usar um relógio durante o festival, aceitei.

IS: De noctívago confesso passou a madrugador. O que alterou o seu ritmo biológico?
JdA: A idade (risos). Quer saber a sério? O facto de ser obrigado a trabalhar constantemente em latitudes diferentes, e de ter tanto que fazer que não posso perder tempo a dormir. Ainda agora, cheguei da África do Sul, onde começávamos a filmar às 4h30 da manhã, porque precisávamos de aproveitar todas as horas de luz. Mas hoje em dia gosto mesmo das manhãs. Só consigo decorar guiões de manhã, e agora até já odeio filmagens à noite. Eu bem digo que é da idade...

IS:Levantava-se de madrugada para filmar...
JdA: … para filmar uma série de televisão sobre o Robinson Crusoe. Faço o papel de um almirante da Armada espanhola que começa por ser inimigo de Crusoe, mas depois se liga a ele, e se decide a salvá-lo. Mas entretanto tem uma trombose, não pode voltar à ilha, e está desesperado...

IS: O que quer dizer que podemos esperar pela continuação?
JdA: Julgo que sim. É possível que volte em De-zem-bro para filmar mais nove episódios.

IS: Como é que as propostas de trabalho surgem?
JdA: O trabalho chega por convites directos: um realizador que me escolhe para um papel e me contacta nesse sentido, ou graças ao trabalho da minha manager e dos meus agentes. Tenho agentes nos EUA, em Itália e em Espanha. A minha manager está comigo há 24 anos, fui o seu primeiro cliente...

IS: Setenta filmes depois, continuam juntos. Como é que se deu esse encontro de almas?
JdA: Encontrou-me no portefólio de uma agência. Veio ter comigo e disse-me que me achava o Jean-Paul Belmondo da Era Moderna (risos) e que se ia iniciar neste ramo, se eu queria ser o seu primeiro cliente. Aceitei e, pouco depois, estava a fazer ‘Desperado’, seguiu-se ‘Perigo Iminente’, e ‘Only You’ veio logo a seguir...

IS: Aí percebeu que se tinha de mudar para os EUA?
JdA: Nessa altura, o meu filho Lourenço era pe-quenino e tentei manter a minha residência prin-cipal na Europa; mas depois percebi que não podia mesmo ser. Quando um realizador escolhe alguém para um papel, quer falar com ele, almoçar, perceber que tipo de personalidade tem, antes de fazer o convite. Se a pessoa estiver do outro lado do mundo, pode ser fantástica, mas ele passa ao próximo candidato... Hoje vivo em Santa Mónica, em Los Angeles.

IS: O mundo do cinema mudou? As séries, pelo menos em Portugal, parecem conquistar cada vez mais fãs. Nos EUA, sente-se o mesmo? Afinal acaba de filmar uma...
JdA: Há dois fenómenos. Por um lado, a televi-são paga melhor do que o cinema, e, por isso, os grandes argumentistas estão a escrever séries. Esse facto torna os papéis em televisão mais atra-en-tes, o que por sua vez explica porque é que actores conhecidos os fazem. Por outro lado, a tecnologia tornou os próprios televisores cada vez mais sofisticados, a que se somam coisas fabulosas como o Dolby Surround, sendo possível ver em casa um filme com toda a garantia de qualidade. Mas lá, como cá, há verdadeiros viciados em séries, gente que grava ou compra em DVD e vê seis horas seguidas ao fim-de-semana.

IS: Os actores também recebem mais?
JdA: Pagam melhor, mas é um trabalho exigente. Caso se desempenhe um papel relevante, é preciso um compromisso total durante muito tempo, e todos os dias há novo material para aprender... Mas os actores são empurrados para ali também, porque no mundo de Hollywood se criou um sistema de super-estrelas, que ganham quantias astronómicas, mas à custa da desvalorização dos papéis secundários. Aliás, já vi usar a mesma táctica em Portugal, quando dizem a alguém que entra num filme comigo: «Como temos o Joaquim de Almeida neste filme, temos que te pagar me-nos...». Mas eu continuo a preferir o cinema.

Felizmente há sotaque

IS: Sente pessoalmente essa crise?
JdA: Não tenho muita concorrência, felizmente. Não há muitos actores que falem inglês correctamente, mas com sotaque (o ‘acento’ é fundamental), já tenham muita experiência e ainda por cima dominem também várias outras línguas.

IS: Envelhecer no cinema não deve ser tão mau como nas outras profissões – há sempre papéis para os mais velhos...
JdA: Para um homem, não é dramático, e muitos dos grandes do cinema voltam de forma recorrente. O Gene Hackman, com que trabalhei, por exemplo, e o Anthony Hopkins, que está sempre a dizer que se reforma, mas que depois se deve chatear de morte de ficar em casa. As mulheres sofrem muito mais, mas, quando superam a “perda da juventude”, fazem-no muito bem. Olhe agora para Meryl Streep (em Mamma Mia), e para a Glenn Close – estão de novo a trabalhar imenso e a fazer um trabalho de qualidade.

IS: Tem medo de um dia se “chatear de morte”, se tiver que ficar em casa?
JdA: Fico nervoso quando não vejo um aeroporto durante muito tempo... Apesar de os odiar, 
representam trabalho, trabalho novo.

IS: Não o irrita acabar por desempenhar sempre papéis muito estereotipados...
JdA: Completamente. Sou eternamente o mau da fita nos filmes americanos. A crítica, quando estive na série 24 horas, dizia o «always reliable Joaquim de Almeida», ou seja aquele com que se pode sempre contar. É isso que os realizadores pensam quando procuram alguém para o papel de latino mau: para quê arriscar testá-lo noutro tipo de papel, se ele faz este tão bem? Houve uma altura em que recusei alguns papéis, mas depressa percebi que não fazia sentido arriscar, até porque tenho a compensação do cinema europeu, onde represento todo o tipo de personagens, sem condicionalismos.

IS: O seu mais recente papel em ‘The Burning Plain’, short-listed para o Festival de Veneza, é de amante de Kim Basinger...
JdA: É verdade! Foi um dos concorrentes ao Leão de Ouro em Veneza, onde estive até há dias.

IS: Cenas tórridas, diz a crítica. De preferência, com Kim Basinger ou Soraia Chaves?
JdA: (risos) A Kim Basinger é uma mulher madura, e o meu papel era de amante da senhora... A Soraia Chaves é muito nova, e além disso no filme com ela, fazia o papel de um homossexual (risos).

Nacionalidade americana

IS: O coração palpita quando ouve o hino americano?
JdA: Nem por isso, continuo a sentir-me português; sempre fiz um esforço para não deixar de falar bom português. É em Portugal que estão os meus dois filhos. Na altura, vi escrito que eu tinha traído a Pátria, o maior disparate que já ouvi. Todos os portugueses que estão nos EUA se naturalizam ao fim de cinco anos, não tem nada a ver com patriotismo ou falta dele.

IS: Até porque não perde a nacionalidade portuguesa...
JdA: Claro que não, tenho os dois passaportes. Naturalizei-me americano há uns anos e já o deveria ter feito há muitos mais. Podia tê-lo feito a partir de 1982, e assim os meus filhos seriam já americanos também, em lugar de se verem obri-gados a entrar e sair com uma carta verde.

IS: E não o fez, porquê?
JdA: Por preguiça. Mesmo quando me natura-lizei foi só porque na fronteira me estavam sem-pre a dizer que tinha de ir renovar a carta verde porque a fotografia já estava desactualizada. Não mudei, até me terem explicado que, se não o fi-
zesse, não entrava, porque a indicação já esta-va no computador. Quando ia tratar disso da re-novação, pensei: «que estupidez, porque não naturalizar-me americano e resolver esta questão de uma vez por todas?». Tinha, além disso, duas razões fortes: sou furiosamente anti-Bush e queria votar (votei e tornarei a votar no Obama) e, além disso, é ali que vou receber a minha reforma, que tem logo um desconto de 15 por cento, se não for nacional. Agora quando chego dizem «welcome home», é agradável. Lá fui eu com mais três mil pessoas jurar a bandeira...

IS: É assim em grupo?
JdA: Uma cerimónia solene. Por acaso, pescaram-me logo nas bichas da repartição, porque me consideraram um public person, pessoas que têm um estatuto especial e podem fugir das confusões. Jurei a bandeira entre os VIP e os militares, e lá à frente mais três mil pessoas...

IS: Os americanos parecem aceitar melhor essas diferenças de estatuto. Acho que em Portugal se punham logo a refilar que lá por ser conhecido não podia passar à frente na fila...
JdA: Pois é, mas eles são muito mais claros nisso. Pode ligar-se para um número, mandar os dados e receber o estatuto de public person, se acharem que reúne as condições. Mas o que está inerente a isso é uma questão de segurança. Não vão deixar uma estrela de cinema conhecida no meio de uma multidão, porque acaba esmagada pelas pessoas que lhe querem falar e gera um distúrbio público, e nos EUA há uma obsessão com a segurança.

«Somos pagos para esperar»

IS: Qual é a situação em que sente que o tempo mais lhe custa a passar?
JdA: Nesta profissão, somos pagos para esperar. As roulottes nos locais onde se está a filmar não são um capricho, mas uma necessidade. Espera-se imenso tempo entre cenas, e as filmagens podem durar doze horas seguidas. É preciso ter para onde ir nos intervalos. Em Portugal, acham que é um capricho, mas eu não me ralo – sempre que aqui filmo exijo uma roulotte. Mas fora esta situação específica, onde mais odeio esperar é nos aeroportos.

IS: Por ter que passar por todos aqueles sistemas de segurança e controlo?
JdA: Acho que a culpa foi do Bush, com a obsessão pela insegurança. Tornou uma coisa que todos achávamos emocionante e agradável – apanhar um avião, viajar – num pesadelo. Esperam-se horas, as companhias arranjam desculpas para atrasar os voos porque não têm passageiros suficientes e querem juntar dois num só... Aliás, as companhias de aviação não têm, regra geral, respeito nenhum pelos clientes.

IS: E o que é que passa mais depressa?
JdA: A vida em geral. Quando éramos crianças, passava tão devagar – a minha filha perguntava todos os dias quando é que fazia anos, e agora, que acabou de os fazer, pergunta quando é que é o Natal. Mas para mim, os verões passam ainda mais depressa, sobretudo porque é quando estou a trabalhar e a viajar de um lado para o outro. Os invernos na Califórnia são mais lentos...

IS: A Marilyn Monroe dizia que queria ser pontual, mas não era capaz porque todas as coisas que a impediam de chegar a horas eram absolutamente irresistíveis! A pontualidade americana é como a britânica – a tradição ainda é o que era?
JdA: Por acaso, os americanos não são assim tão pontuais, mas eu sou! O Joaquim de Almeida é extremamente pontual, e considera uma prova de má educação fazer alguém esperar. Provocam-
-me uma certa irritação aquelas pessoas que, por sistema, não respeitam as horas. Detesto estar à espera. E não é só de aviões...

IS: Ainda é do tempo em que um relógio era o presente de passagem da quarta classe?
JdA: Completamente. Eu e o meu irmão João fizemos a quarta classe no mesmo ano e recebemos os dois um relógio. O meu pai deu-me um Tissot prateado, um dos primeiros que tinha bra-celete em metal – aliás, tenho-o ali em cima da mesa neste momento para o levar ao relojoeiro porque está sem pilha. O do meu irmão era dou-
rado. Deve ter sido um presente que o meu pai gostou de dar, porque adora relógios e tem uma colecção enorme.

IS: Onde é que fez a quarta classe?
JdA: Na Escola Alemã. Mais tarde acabei por sair, chumbei a alemão, e eles felizes, de certeza, porque sempre me chamaram de «aquele rapaz irrequieto».

IS: Tenho que fazer a pergunta. O que é que acha do cinema português?
JdA: Já somos um país pequeno e sem dinheiro para o cinema; e depois nem os portugueses vêem os próprios filmes. Para mim, há duas correntes. A mais intelectual, em que o Manuel Oliveira é o expoente mais alto, que tem obviamente o seu lugar, mas nunca terá muito público porque não conta uma história, e para mim os filmes têm de contar histórias. As pessoas vão vê-los para se identificarem. Depois, há o cinema de inspiração mais popular, mas que também não tem conse-
guido atingir os seus objectivos. No meu caso, por exemplo, sou muito mais conhecido em Espanha do que em Portugal.

IS: Os espanhóis consomem o que é espanhol?
JdA: É verdade que são 50 milhões de habitantes, o que faz logo toda a diferença, mas, como diz, 
os espanhóis são grandes consumidores dos fil-
mes espanhóis. Muitos dos seus filmes, e não 
es-tou só a falar do Almódovar, conseguem saltar 
a fron-teira, e os bons realizadores espanhóis trabalham em Hollywood, como, aliás, acontece com os melho-res brasileiros. São convidados a fa-zer filmes.

IS: O Joaquim é o nosso único actor ‘internacional’. Onde está o segredo – no talento, na sorte?
JdA: Numa juventude rebelde que queria a todo o custo fazer cinema num país onde não se fazia cinema, e que por isso arriscou sair de Portugal e tentar concretizar os seus projectos noutros sítios. Não foi fácil, tive que trabalhar como empregado de bar, em restaurantes, tudo para poder frequentar um curso de teatro em Nova Iorque que durou quatro anos. É preciso ir tentando fazer caminho, sem desistir. Leio muitos jovens a dizerem que saíram durante três meses, que fizeram um curso, mas que, como não deu, voltaram para Portugal, porque aqui pelo menos fazem dinheiro com as telenovelas. Agora há esse atractivo nacional, mas quem quiser mesmo fazer bom cinema tem que aguentar, ter muita paciência e não voltar a correr para a terrinha...


Hace un año el día de la marmota empezaba tímidamente a dejar de ser el día de la marmota. Un año después, siendo el día de la marmota, ha dejado de serlo para siempre, lo que le puede convertir en otro día de la marmota, pero de otro tipo. Y de esta forma que vengan todos los días de la marmota que quieran.