martes, 10 de febrero de 2009

Al sur de la frontera, al oeste del sol

Una más de Murakami, muy similar a Tokyo Blues, quizá menos lograda, aunque con un final, más bien una última frase, donde en vez de terminarla abre la puerta a que el lector la continúe.
En la línea de las novelas intimistas, es una historia de pérdidas y reencuentros, más que con otras personas, con la parte de nosotros mismos que fue una vez. La sensación de que el tiempo no se recobra, que nunca se vuelve al mismo punto, que todo sigue hacia adelante y por encima de todo.
Y como (casi) siempre, el desasosiego, el regusto amargo de la existencia y la incomprensión. Bueno, no está mal en menos de trescientas páginas.

Pág. 252 El paisaje donde posaba los ojos fue recobrando algo de color y la sensación incierta de estar andando por la superficie de la luna fue perdiendo fuerza. La gravedad se alteró de una forma extraña y sentí de una manera imprecisa, como si contemplara a través de un cristal algo que le ocurriera a otra persona, cómo iban desprendiéndose de mi cuerpo, una tras otra, todas aquellas cosas que se habían adherido a él.
Al mismo tiempo, algo que habían en mi interior se borró y se extinguió para siempre. En silencio, de una manera definitiva.

Murakami integra una vez más el título de una canción, de Nat King Cole en este caso, para narrar la historia. Yo según la leía no podía por menos que tararear esta otra: nada que decir.

Fa un temps que he estàt pensant
com canvia tot,
com ho he triat
com he arribat aqui,
i perquè vaig venir

Havia de ser i no ha estàt
tot és planejat i va i es romp
i cau dins un forat
és futur prefabricat

No ha sortit res com pensaves
supèrflua voluntat
A n'es fons ja ho esperaves
hauràs d'anar endavant

Quan mires enrere
i veus que ja no et queda
res a dins,
res a la fi quan
ja no queda res per dir

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