lunes, 16 de febrero de 2009

Diez años sin Tip

El ocho de febrero se cumplieron diez años sin la presencia de Luis Sánchez Polack. Durante los años en que colaboró con Luis del Olmo en Protagonistas tuvo varias secciones desternillantes, dos que yo recuerde: los Santos Varones, que llegó a ser libro, y los timos que nos acechan. De ésta última encuentro entre mis papeles -una es de mucho apuntar, mucho guardar y no encontrar más que cuando deja de buscar- uno de ellos francamente delicioso:

El timo del curriculum vitae
Tú quieres hacer un regalo de navidad y llegas a un establecimiento y dices “Buenas, yo quiero hacer un regalo pascual”. Y dice la vendedora “Pascual, este señor quiere hacerte un regalo”. Sale Pascual, se sube al mostrador y, mientras tanto, la cuñada le dice al otro: “este señor quiere un curriculum vitae”. Qué pasa -aquí viene lo bueno-, qué pasa, que te saca el curriculum vitae y con las prisas, pagas. La gente se arremolina, de Aragón, y cuando estás en la calle pagan justos por pecadores, llegan los pecadores, se confiesan y salen absueltos.

Y siempre, no puede faltar al recordar a Tip el celebérrimo sketch del vaso de agua, pero yo soy incapaz de no unir su recuerdo al de la historia de la gamba, que me sé de memoria, y que siempre, siempre, me hace esbozar una sonrisa:

Mauricita, la gamba
Yo protejo a todas las especies. A todas. Pero donde estén los anfibios anuros -¡los anfibios anuros!- que se quite lo demás. Y la carcamusa, y la filoxera, la filoxera gambrinus, claro. Porque es verdad, a los animalitos se les llega a coger un cariño tal, que puede llegar incluso hasta la pubertad.
Recuerdo que hace años me regalaron por Nochebuena un crustáceo malcostráceo del orden de los decápodos que, como es sabido, son familia de los pénidos, que vienen a ser como el Parapeneus longuirrostrus. O sea, para que lo entiendan mejor, una gamba. Me regalaron una gamba. Una gamba viva. Y dijimos: "Bueno, la guardaremos para la cena de Nochevieja". Pero aquella gamba era de cariñosa…
Miren, dormía a los pies de mi cama; a la hora de la comida, se subía a la mesa y comía con nosotros. En fin, ¡era uno más de la familia! Mauricita le pusimos de nombre..., porque se parecía mucho a Chevalier. Y Mauricita venía con nosotros al teatro, a todos los estrenos. Nosotros le decíamos: "Mauricita, trae el periódico". Y Mauricita iba al quiosco, lo traía y te lo leía. ¡Era la alegría de la casa! ¡La alegría de la casa! Y honesta, ¡puaff!, honesta como pocas gambas y miren que yo he conocido gambas. Salía a pasear con las amigas y, claro, los chicos la chicoleaban y ella se ponía colorada, colorada… que parecía que estaba recién cocida. Pero antes de que cerraran el portal, a las diez menos cinco ya estaba en casa.
Hablar no hablaba mucho, no, pero con la mirada te lo decía todo, todo… Decía yo a mi esposa: "Amparo. me voy con la gamba a tomarme una cerveza". O "me voy a tomar una cerveza con la gamba". Era una cosa… Y lo que pasa; llegó la Nochevieja, y a ver quién era el guapo que mataba al pobre animalito.
Bueno, total que la gamba fue creciendo y creciendo se hizo una real gamba, conoció a un langostino de Vinaroz, de buena posición, se casaron y tuvieron más de quince mil quisquillas que, por cierto, dos de ellas se metieron monjas. Y los chicos, los varones, se educaron en los padres Langostinos de El Escorial. ¡Santos varones!

2 comentarios:

  1. Este hombre era un genio. ¡Que humor! Inolvidable.

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  2. "Hablar no hablaba mucho, no, pero con la mirada te lo decía todo", es que era mucho este hombre, era mucho.

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