miércoles, 25 de marzo de 2009

Dos en catalán: els meus deures (mis deberes)

De momento sólo leo en catalán por obligación, pero las obligaciones también pueden ser agradables, como así ha sido en los dos últimos casos.
El primero, "El mètode Grönholm" de Jordi Galceran fue mi elección de una lista de libros para la clase de catalán. Curiosamente fue donde me enteré de que se trataba de una obra de un autor catalán: no soy consumidora habitual de teatro, por pereza más que por otra cosa, pero sí me fijo en que muchas veces son adaptaciones de obras de autores extranjeros y con ese título también lo había dado por supuesto.
Y he de decir que ha sido una magnífica elección. El inicio de la acción tiene lugar en una sala de una multinacional donde acuden cuatro candidatos para optar a un puesto de trabajo en dicha empresa. La obra es amena, divertida en lo amargo, interesante y ágil. Pone de manifiesto hasta dónde es capaz de llegar la gente por conseguir un puesto de trabajo y los límites morales en la actuación de los candidatos. Al mismo tiempo, se convierte para el espectador-lector en un juego de adivinanzas para saber quién miente o dice la verdad, un juego en la frontera de la realidad y la ficción que no se desvela hasta el final.
Personalmente leerla en catalán no me ha resultado tan difícil como pensaba y el uso de un lenguaje coloquial me ha ayudado a ver por escrito expresiones de uso común que no sabía escribir ni cómo interpretar bien.
En definitiva, altamente recomendable, mucho más si como yo no se ha visto la obra ni la película.

El segundo también ha sido una obligación impuesta por mi hijo de ocho años: "L'home que volia ser rei" (El hombre que quería ser rey) de Joan Cavallé (a partir de 7 anys). E. Cruïlla. El vaixell de vapor.
Un día viene mi hijo disgustado del colegio porque el libro que había escogido para leer y que tenía a medias, se lo había quitado un compañero y no había respetado su turno. Yo le dije que no pasaba nada, pero él me dijo que es que le gustaba mucho ese libro y su compañero que lo sabía, lo había hecho a propósito. Le pregunté de qué libro se trataba y me lo empezó a contar. Días más tarde me dijo que ya lo había terminado y que lo traía en la mochila para que yo lo leyera. Cualquiera se niega en estas circunstancias, claro.
Y lo leí. Y lo leyó mi hija y se lo hice leer a mi marido. La conclusión fue unánime: todos querríamos ser habitantes de la República del Sidral. Un lugar donde todos son iguales, todos tienen los mismos derechos y deberes. Todo el mundo va a la escuela hasta los ochenta años porque nunca es tarde para aprender y siempre es bueno conocer cosas buenas y todo el mundo trabaja unas cuantas horas cada día, unos cuantos días a la semana, durante unos cuantos meses al año, pero no más. Nadie quiere ganar demasiado dinero. El resto de horas, días y meses se utilizan para aprender, para leer, para jugar, para hacer deporte y unas cuantas cosas más. Lo que más le gusta a la gente es sentarse a tomar el sol y hablar. Hablar de todo, contar historias, cantar canciones, leer poesías como estas:
No tinc pa
ni tinc por.
No tinc vi
Tinc raó.
No tinc set
Però en tinc vuit.
No tinc fam
Però estic buit.
Y como todos son iguales, nadie desea lo que tienen los demás y por eso todas las personas eran felices.
El problema surge cuando el ciudadano Martí quiere ser rey y está dispuesto a hacer cualquier cosa para conseguirlo. Y hasta aquí puedo contar, como Mayra.
Una simpática y entretenida historia contada de una forma muy sencilla y didáctica donde el elemento mágico no es la solución a las cosas, sino el sentido común y la armonía y el respeto para la convivencia.
Según la contraportada, es el primer cuento para niños que escribe Joan Cavallé autor de teatro fundamentalmente y espero que no sea el último.

2 comentarios:

  1. Yo reseñé una obra suya hace tiempo. Tiene buena pinta.

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  2. Lo sé, lo sé, le busqué en Google y me salió tu página de las primeras ;-)
    Es un buen libro para ir fabricando republicanitos, juas.

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