miércoles, 29 de julio de 2009

No están (dos)

Sólo preparo mi desayuno, no hay remoloneo a la hora de levantarse, no hay peleas por el turno en el ordenador, no hay que repetir diez veces "vamos a comer", no hay protestas por la comida, no hay exigencias de "a ver cuándo merendamos", no hay que amenazar para que salgamos por la tarde a la playa o a cualquier otro sitio, no hay que pedir que apaguen la Wii y se hagan unos pocos deberes, no hay que negociar lo que se ve en la tele cenando..., etc.

Sólo llevan tres días fuera y les echo de menos como si me faltara una pierna o una mano, hay que jorobarse.
(no es nuevo, pero sí igual de punzante)

Sigh...

viernes, 24 de julio de 2009

Un concierto no de MG

Pues estuve en el concierto de Madonna, de una forma más descansada que en el de MG, no había lugar para ello ni se daba la afición, claro. Madonna no es una de mis cantantes favoritas, aunque sí forma parte de la banda sonora de mi vida, como tantos. Ciertamente tenía curiosidad por ver un espectáculo de estas características y me parecía más tragable Madonna que U2, por ejemplo.

Y el espectáculo no me defraudó. Me sorprendió el tipo de público, variopinto aunque con una clara tendencia esperada. Lo más curioso fue ver a un señor que rondaría los setenta años, cachava en mano, que accedía a su localidad.

El despliegue de medios fue tremendo de principio a fin. El trabajo de coreografía impresionante, Madonna no deslucía nada entre el elenco de su imponente cuerpo de baile; me chocó comprobar su delgadez y pequeño tamaño, la creía más alta.

El concierto musicalmente hablando se compuso de canciones que eran bien conocidas (a mí me sonaban todas y no soy fan), pero versioneadas de forma que a veces se mezclaban unas con otras e incluso se innovaban, algo que sí me gustó: ya que no canta, al menos oír algo nuevo y en general bueno. La excepción fue la versión de La isla bonita: lo de los zíngaros fue demasiado para mí. El detalle de incorporar alguna canción de Michael Jackson la perjudica: fue entonces cuando caí en la cuenta de que habría tenido que ir a ver a MJ cuando tuve la ocasión.

A favor: la cuidadísima puesta en escena, con elementos de complicación técnica (paneles, proyecciones, elementos que bajan del cielo, etc.) con una ejecución impecable; el repertorio de canciones equilibrado conjugando canciones nuevas con las viejas pasándolas por el filtro de la novedad; el espectáculo visual de luces, fotos y vídeos que acompañaban a Madonna y sus canciones; el envidiabilísimo despliegue de energía, dinamismo y espectáculo de danza que daba la sensación de estar asistiendo a un musical.

En contra: que no canta, y las contadas veces que lo hace se nota mucho la diferencia. Eso sí, los coros buenísimos. Evidentemente cantar bien y moverse como se mueve no es compatible.

En resumen, sí volvería a ir a verla sabiendo que voy a asistir a un show que trasciende lo meramente musical.

Y además bailé un montón y me lo pasé muy bien.





Always love me more, miles away
I hear it in your voice, miles away
You're not afraid to tell me, miles away
I guess we're at our best when we're miles away
So far away, so far away, so far away, so far away
So far away, so far away, so far away, so far away



miércoles, 15 de julio de 2009

Pan y tulipanes

Fiel a mi costumbre de ver películas, leer periódicos o noticias de actualidad con días, meses o años de retraso y siguiendo un orden caótico de prioridades que no siempre vienen dictadas por criterios de apetencia, caducidad, o simplemente «pues ésta misma», ayer vi Pan y tulipanes, una deliciosa película italiana del año 2000 que tiene el encanto de las historias bien contadas. Se puede leer una estupenda crítica aquí con la que no puedo estar más de acuerdo.

La historia que nos cuenta no es nada original, mujer casada que la casualidad le ofrece cortar con su rutina y hacer algo que le apetece por una vez en su vida y en principio por poco tiempo, un «break» sin importancia, que se va alargando sine die hasta que la localiza un detective enviado por su marido. Venecia aparece cotidiana, sin el traje de domingo, sin turistas, como el lugar donde detenerse en el tiempo y como lugar de reposo y libertad.

Quizá no me habría gustado tanto sin la estupenda interpretación de Licia Maglietta, sin las alambicadas frases del protagonista (le ruego que me suministre explicaciones más exhaustivas, juas) sin la historia de la vecina y, sobre todo, si no hubiera estado localizada en Venecia donde estuve hace unos poquitos años.

Quizá no sea tan mala costumbre.