viernes, 28 de agosto de 2009

Setze


Amar profundamente a alguien nos da fuerza. Sentirse amado profundamente por alguien nos da valor (Lao Tsu)


lunes, 17 de agosto de 2009

Interior al aire libre bis

Interior al aire libre.- Ramón Casas
1892. Firmada y fechada
Óleo sobre lienzo.160,5 x 121 cm
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza


(Del libro Barcelona modernista de Cristina y Eduardo Mendoza, Ed. Seix Barral)

En general, la vida en familia debía de ser bastante aburrida. Los hombres combatían este aburrimiento pasando fuera de casa la mayor parte de su tiempo: en el trabajo o en el café. Las mujeres se daban a a ensoñación, que es hija del tedio. Por esta razón las mujeres de antaño nos parecen hoy más románticas y abnegadas. La literatura al uso se hacía eco de este romanticismo y lo fomentaba sin ambages, por lo que las novelas de escritores como Alejandro Dumas, Eugenio Sue o Fernán Caballero gozaban de gran predicamento entre las mujeres. Los autores de libros formativos para señoritas cristianas no dejaban de condenar el vicio de la lectura. Uno de ellos fustigaba la hipocresía de muchas jóvenes aparentemente virtuosas, que no habrían tolerado de un hombre la menor insinuación, siquiera velada, pero que luego, a solas en sus gabinetes, consumían las horas «leyendo con sumo placer los viles y vergonzosos secretos que le cuenta [la novela], leyendo con avidez sus capítulos hasta agotar el veneno que le propina»*

*Vicente Martín, Enciclopedia moral para señoritas cristianas, p.43

Un blog suele ser eso precisamente, un interior al aire libre, aunque sea especializado en cine, libros o punto de cruz. Muchos de ellos deberían llevar como subtítulo aquella leyenda sobre los cristales de los vagones del metro “És perillós abocar-se”… al interior.

lunes, 10 de agosto de 2009

La plaza del diamante bis

de Mercè Rodoreda, Edhasa.

Si La plaza del diamante fuera un animal, sería un perrillo herido, un gato despeluchado, una paloma con el ala rota, sin hacer ruido, sin importancia. Porque así es la vida de la Colometa, despojada hasta de su verdadero nombre, de las buenas hijas, esposas y madres, sin opinión ni decisión, sin queja ni lamento, todo silencio y obediencia, y resignación.

Y así está escrita con frases sencillas, con un lenguaje claro y frases comprensibles, sin buscar golpes de efecto ni forzar el significado de las cosas. Es el encanto de lo sencillo, de lo natural, del lenguaje que sale de las cosas cotidianas y de lo fácil que parece, además. Como trasfondo, la guerra civil que condena tanto a los muertos como a los que sobreviven a ella:

“Estaban muertos los que habían muerto y los que habían quedado vivos, que también era como si estuvieran muertos, que vivían como si les hubieran matado.”

Y la Colometa tiene que volverse de corcho para sobrevivir a la indiferencia de su padre, al abandono del Quimet, al despido de sus señores, al desgarro de dejar a un hijo en el hospicio…, pero a los corchos también los consume el aguafuerte.

La tristeza impregna toda la novela y es tan así que cuando aparece la solución encarnada en la persona del tendero, que le salva la vida literalmente a ella y a sus hijos, ni ella misma se alegra, ni siquiera cuando se va a casar su hija, quizá porque ya no sabe cómo hacerlo.

“Y sentí intensamente el paso del tiempo. No el tiempo de las nubes y del sol y de la lluvia ni del paso de las estrellas adorno de la noche, no el tiempo de las primaveras dentro del tiempo de las primaveras, no el tiempo de los otoños dentro del tiempo de lo otoños, no el que pone las hojas a las ramas o el que las arranca, no el que riza y desriza y colorea las flores, sino el tiempo dentro de mí, el tiempo que no se ve y nos va amasando. El que rueda y rueda dentro del corazón y le hace rodar con él y nos va cambiando por dentro y por fuera y poco a poco nos va haciendo tal y como seremos el último día.”

Y al final el grito:

“Y sentí una compañía en la mano y era la mano del Mateu y se le posó en el hombro una paloma corbata de satén y yo no había visto nunca ninguna, pero tenía plumas de tornasol y sentí un viento de tormenta que se arremolinaba dentro del embudo que ya estaba casi cerrado y con los brazos delante de la cara para salvarme de no sabía qué, di un grito de infierno. Un grito que debía hacer muchos años que llevaba dentro y con aquel grito, tan ancho que le costó mucho pasar por la garganta, me salió de la boca una pizca de cosa de nada, como un escarabajo de saliva… y aquella pizca de cosa de nada que había vivido tanto tiempo encerrada dentro, era mi juventud ue se escapaba con un grito que no sabía bien lo que era… ¿abandono?”

En definitiva, una espléndida novela cuyo centenario del nacimiento de su autora se celebra el año que viene cuya lectura es absolutamente recomendable.

Actualización: el incansable Palimp publica hoy en su bitácora una entrevista que le hizo a Mercè Rodoreda en Joaquín Soler Serrano en A fondo, un programa de entrevisas que en la televisión actual sería innovador: sin golpes de efecto, sin repetición hasta la saciedad de imágenes enlatadas, sin interrumpirse mutuamente, sin difamaciones gratuitas, sin preguntas obscenas justo antes de la pausa publicitaria, la bomba, vamos.