lunes, 10 de agosto de 2009

La plaza del diamante bis

de Mercè Rodoreda, Edhasa.

Si La plaza del diamante fuera un animal, sería un perrillo herido, un gato despeluchado, una paloma con el ala rota, sin hacer ruido, sin importancia. Porque así es la vida de la Colometa, despojada hasta de su verdadero nombre, de las buenas hijas, esposas y madres, sin opinión ni decisión, sin queja ni lamento, todo silencio y obediencia, y resignación.

Y así está escrita con frases sencillas, con un lenguaje claro y frases comprensibles, sin buscar golpes de efecto ni forzar el significado de las cosas. Es el encanto de lo sencillo, de lo natural, del lenguaje que sale de las cosas cotidianas y de lo fácil que parece, además. Como trasfondo, la guerra civil que condena tanto a los muertos como a los que sobreviven a ella:

“Estaban muertos los que habían muerto y los que habían quedado vivos, que también era como si estuvieran muertos, que vivían como si les hubieran matado.”

Y la Colometa tiene que volverse de corcho para sobrevivir a la indiferencia de su padre, al abandono del Quimet, al despido de sus señores, al desgarro de dejar a un hijo en el hospicio…, pero a los corchos también los consume el aguafuerte.

La tristeza impregna toda la novela y es tan así que cuando aparece la solución encarnada en la persona del tendero, que le salva la vida literalmente a ella y a sus hijos, ni ella misma se alegra, ni siquiera cuando se va a casar su hija, quizá porque ya no sabe cómo hacerlo.

“Y sentí intensamente el paso del tiempo. No el tiempo de las nubes y del sol y de la lluvia ni del paso de las estrellas adorno de la noche, no el tiempo de las primaveras dentro del tiempo de las primaveras, no el tiempo de los otoños dentro del tiempo de lo otoños, no el que pone las hojas a las ramas o el que las arranca, no el que riza y desriza y colorea las flores, sino el tiempo dentro de mí, el tiempo que no se ve y nos va amasando. El que rueda y rueda dentro del corazón y le hace rodar con él y nos va cambiando por dentro y por fuera y poco a poco nos va haciendo tal y como seremos el último día.”

Y al final el grito:

“Y sentí una compañía en la mano y era la mano del Mateu y se le posó en el hombro una paloma corbata de satén y yo no había visto nunca ninguna, pero tenía plumas de tornasol y sentí un viento de tormenta que se arremolinaba dentro del embudo que ya estaba casi cerrado y con los brazos delante de la cara para salvarme de no sabía qué, di un grito de infierno. Un grito que debía hacer muchos años que llevaba dentro y con aquel grito, tan ancho que le costó mucho pasar por la garganta, me salió de la boca una pizca de cosa de nada, como un escarabajo de saliva… y aquella pizca de cosa de nada que había vivido tanto tiempo encerrada dentro, era mi juventud ue se escapaba con un grito que no sabía bien lo que era… ¿abandono?”

En definitiva, una espléndida novela cuyo centenario del nacimiento de su autora se celebra el año que viene cuya lectura es absolutamente recomendable.

Actualización: el incansable Palimp publica hoy en su bitácora una entrevista que le hizo a Mercè Rodoreda en Joaquín Soler Serrano en A fondo, un programa de entrevisas que en la televisión actual sería innovador: sin golpes de efecto, sin repetición hasta la saciedad de imágenes enlatadas, sin interrumpirse mutuamente, sin difamaciones gratuitas, sin preguntas obscenas justo antes de la pausa publicitaria, la bomba, vamos.

2 comentarios:

  1. La Plaça del Diamant está en la categoría para mí de libros que ahogan. Porque un libro-drama llega un momento que le das patada porque lo que sucede son simplemente una sarta de desgracias insufribles para llorar. Pero los libros que ahogan lo hacen porque son tan reales que no puedes más que sentir el ahogo de los portagonistas, la mezquindad. En mi tierna adolescencia este libro me ahogó. Y lo hizo más por conocer imbéciles como Quimet, y por haber escuchado de primera voz lo que era la Barcelona de la post-guerra, esa en la que la gente pretendia que la guerra no había sucedido, y que cada uno trataba de salir adelante con la cabeza baja y en la mas absoluta miseria, o viviendo del estraperlo y el mercado negro.

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  2. Por edad y familia no conocí lo que realmente ocurrió en la posguerra, sólo supe una parte, y quizá por ello cuando vi la serie en la tele no llegué a entender muy bien a qué se refería. La lectura de la novela surgió a raíz de una excursión urbana por los sitios donde se rodó la serie y se inspiró la novela. Ahora tengo pendiente volver a leerla pero en catalán para terminar de aprehender su infinita belleza, aunque ahogue, efectivamente.

    un beso y gracias por tu comentario.

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