lunes, 29 de marzo de 2010

Correr

Yo corro. Nunca antes había corrido, salvo cuando entrenaba allá por la primera adolescencia como parte del calentamiento previo al entreno. Siempre me había llamado la atención, pero no daba el paso. Quizá lo veía como algo más competitivo, quizá tenía miedo a estar demasiado sola conmigo misma, quizá demasiado aburrido.
Pero allá por julio, con la fresca, ejem, decidí empezar. Y los dos primeros días salí sólo con la compañía de la radio, una de esas que llevan mp3, pero enseguida la radio se quedó en casa. Y entonces el correr adquirió un nuevo significado porque empecé a ser espectadora de mi propio cuerpo que registraba a través de su esfuerzo las leves, y las no tan leves, inclinaciones del terreno, los cambios de la respiración, cómo te agotas y te recuperas si consigues no tirar la toalla ante el cansancio, cómo seguir siempre un poquito más.
Y eso a nivel físico porque cuando empiezas a poder desconectar de lo que te pasa porque ya te vas acostumbrando, notas cómo la mente se vacía, atenta sólo al sonido de tus pies que golpean las aceras, la hierba o la arena, al ruido del mar cuando hay viento o a su casi ausencia cuando está en calma.
Sensaciones, son sensaciones que notas sin necesidad de pensar.
De julio a diciembre conseguí una regularidad, velocidad y distancia que seguro que eran una insignificancia comparada con la gente que se lo toma más en serio, pero que para mí eran mi orgullo secreto. El paréntesis hospitalario me ha hecho retroceder a niveles más bajos de cuando empecé, pero no importa, era lo esperado. La vuelta ha sido, y sigue siendo, dura, pero voy a seguir corriendo aunque haya días que no complete el circuito o que me encuentre mal. Porque no es un entrenamiento con un fin y una fecha, es una rutina que libera. He ganado autoestima porque en mi mundo de obligaciones postergables es una vacuna contra la procrastinación que me invade: cada día que dejo de correr por pereza se paga en forma de mayor esfuerzo al día siguiente. Es el placer del cansancio, de la tenacidad, del control.
Voy a seguir corriendo porque no huyo de nadie, en todo caso voy a por ello..., y acabaré alcanzándolo :-)




Nota nostálgica de la foto: una servidora en su primera media maratón universitaria, que más que media era un cuarto (10km.), cuando era capaz de correr sin entrenar y llegar tan fresca a la meta. Fue para recordarla, ya que gracias a la habilidad de mi querida Rocío, que fue la encargada de hacer la inscripción, yo tuve que llevar el dorsal número 69 lo cual me hizo enormemente popular durante la carrera ya que en este tipo de eventos domina la participación masculina. A pesar de aquello después de casi veinte años aún la visitaré esta SS en pucela, lo que dice mucho de sus otras virtudes como amiga y de mi capacidad infinita de perdón, of course.

viernes, 5 de marzo de 2010

I què és la veritat

El viernes pasado estuve recorriendo el templo expiatorio de la Sagrada Familia, una de las excursiones urbanas del programa Quedem?. Un paseo de casi dos horas con casco incluido y las magníficas explicaciones de Jaume S., uno de los arquitectos que trabajan a fondo para que esté todo listo en la próxima visita del Papa.


Allí dentro estuve con el ojo y la cámara muy abiertos y atenta a los comentarios de Jaume que nos hacía fijarnos en las innovadoras soluciones arquitectónicas que Gaudí aplicaba para dar altura, ligereza y resistencia al templo. Y sin ordenadores ni nada.





La nave central dedicada a Sant Josep, cuya estatua se encuentra al fondo ya colocada, es el origen del templo ya que la idea de construir un templo expiatorio dedicado a la Sagrada Familia partió del librero Josep Maria Bocabella, fundador de la Asociación de los Josefinos, devotos de San José, que compraron con sus aportaciones los terrenos que entonces formaban parte de la población de Sant Martí de Provençals, ahora en pleno eixample barcelonés.

Las puertas de bronce creadas por Subirachs con la inquietante sombra sobre la palabra veritat.

Y como he leído por ahí, el tiempo convierte las verdades en mentiras, rara vez las mentiras en verdades.

Actualización: más fotos aquí

miércoles, 3 de marzo de 2010

Viaje al pasado

Viaje al pasado.- Stefan Zweig

Buscando otra novela de S. Zweig, me encuentro este Viaje al pasado que si bien no ha provocado mi entusiasmo como lectora, sí que ha conseguido que recordase cosas del mío, aunque no creo que fuera el objetivo del autor al escribirla; cosas de la vida autónoma de las obras una vez publicadas.
La novela comienza en un tren y según la iba leyendo, se me aparecían las imágenes de Breve encuentro, una película en blanco y negro «y una infinita gama de grises» que siempre añadía mi querido Carlos Pumares cuando percibía el poco entusiasmo del oyente ante una revelación de este tipo. En Viaje al pasado el tren aparece como un lugar donde refugiarse la pareja reencontrada al cabo de muchos años. Y la música de Rachmaninov zumbando por mi cabeza de fondo.

La historia no es demasiado original, el reencuentro de una pareja después de muchos años en un mundo y en unas personas que ya no son las mismas. En esto último es donde hace hincapié el autor, en el peso de ese pasado que les inmoviliza para llevar adelante su relación recuperada, en la resistencia de la realidad. Pero esto sólo ocurre hacia el final de la novela ya que el grueso de la misma es el relato de sus vidas, cómo se conocen, cómo se van enamorando, cómo les separa la vida hasta ese momento que vuelven a encontrarse.

Y como colofón, me sorprendo tarareando a Sade y su Never as good as the first time vacunándome de forma inevitable contra la melancolía, segundas partes nunca fueron buenas..., o sí... ;-)

Por cierto, que se me ha pasado febrero sin sentir, mi querido y odiado febrero a partes iguales. Ah, y que ya he recuperado mi culo, hacía semanas que no tenía :-))