domingo, 13 de febrero de 2011

Burocracia de Santiago Ambao

Éste es el papelito que me sirvió para hacerme con Burocracia. No me toca nada nunca, aunque sí me toquen habitualmente, ejem, cosas del equilibrio cósmico, supongo, pero esta vez el azar se acordó de mí ante la celosa mirada de Vigo y Letras de arena que tuvieron la gentileza de guardarme sitio en la última sesión polifémica y que por tan poco no les correspondió a ellos la apetitosa rifa.


La novela es una distopía que recrea una ciudad gris y ordenada donde la gente vive y, las más de las veces, sobrevive. Una ciudad donde hay funcionarios que se suicidan y gente que no paga sus impuestos condenada a una muerte civil, en realidad a la no existencia respirando, los marginales. El gobierno, cual Gran Hermano Oyente Universal, actúa contra el ciudadano que conspira, o piensa siquiera en hacerlo, interviniendo siempre en aras de la seguridad nacional gracias a la existencia de unos portales sonoros que van surgiendo por la ciudad que revelan conversaciones mantenidas por cualquiera y en cualquier sitio.

En medio se encuentran Isidro Rawson y su hermano Witold como la cara y la cruz de las dos actitudes que se puedan tomar frente a la vida. El primero es un escritor frustrado por haber abandonado la literatura por un trabajo, más o menos cómodo, que consiste en levantar acta de todo lo que se escucha y que al final va convirtiéndole en un instrumento minándole sus ganas de vivir.
Con una vida chata, empujado por una inercia que ni siquiera me asfixiaba. Me aburría, apenas. El aburrimiento cansa, pero no lo suficiente. No hace mucho empecé a sospechar que de la misma manera que me daba lo mismo vivir, me daba lo mismo morir. Esa indiferencia era mi ruina.

Y el segundo es un rebelde como sólo se puede ser en ese mundo, un evasor fiscal, que se dedica a escribir y a luchar contra el sistema.
Evadir tenía un costo y eso lo sabía todo el mundo. Sin embargo él se creía en derecho de saltar la ley: según él, pagar impuestos sólo servía para alimentar a un poder despreciable. No quería aceptar que con esos impuestos se mantenía la ciudad.

A partir de aquí surge la novela negra y de ciencia ficción no exenta de crítica al aparato burocrático, a la política y a la sociedad, y todo ello envuelto en una capa de suspense que te atrapa y te impele a seguir leyendo.

Personalmente, me ha gustado mucho la idea del futuro que existe al mismo nivel que los futuros que no serán. También el concepto de la literatura como el compendio absoluto, como la vida ya escrita donde cada lector ordena las páginas, donde distintos lectores encontrarían una numeración distinta, un libro donde sea el lector el que construya la historia. Ah, y no puedo dejar de resaltar el acento porteño en el que está escrito que es tan delicioso.

Como se dice en la novela, una historia tiene muchas interpretaciones, un texto no es el mismo para distintos lectores y el desenlace es absolutamente fiel a este principio.

Pero si quieren reseñas mejor trabadas y argumentadas que la mía aquí tienen dos perfectas , la de los Polifemos y la del Cuchitril Literario, que si las llego a haberlas buscado antes, se habrían quedado sin la mía. Léanlas, léanlas.

Por cierto, aprovecho para anunciar una nueva tertulia polifémica el próximo jueves 24 de febrero a la que espero acudir si ese día todo sale bien; toda la información en el siguiente enlace:
Primera tertulia de 2011