jueves, 4 de agosto de 2011

Mecanoscrit del segon origen

Mecanoscrito del segundo origen de Manuel de Pedrolo.

A raíz de haber leído Joc brut recordé que por casa andaba rondando este Mecanoscrit, regalo de una de las bolsas que les dieron a los niños en las jornadas deportivas en edición no venal de El Periódico. Y descubro que es una novela muy leída por aquí, sobre todo por público juvenil ya que es lectura obligatoria en secundaria, aunque parece ser que no fue escrita específicamente para ellos.

La novela nos sitúa en un escenario de destrucción pompeyana donde la Tierra ha sido arrasada en un instante por unos platillos volantes. Tras la hecatombe sólo parece haber dos supervivientes, Alba y Dídac, una joven de quince años y un niño de nueve rodeados de ruina, muerte y destrucción.
La novela describe con prolijidad cómo es su vida a partir de entonces. La sensación de desvalimiento que se apodera del lector contrasta con el temple y determinación que exhibe la protagonista la hora de organizarse. Alba comprende desde el primer momento que nadie les va a ayudar y que deben estar preparados para todo lo que pueda suceder, son los herederos de la Humanidad y su labor tiene que ser recuperar el saber y repoblar la Tierra.
Los protagonistas afrontan la reconstrucción de un mundo nuevo aprovechando las ruinas del viejo y configurándolo como ellos quieren que sea, desprovisto de fanatismos y prejuicios.

(4) Y después Alba se arrepintió de ello, porque al cabo de unos cuantos días, cuando ya habían vuelto a la vida «normal», una noche Dídac dijo:
–Mira, aquí explica cómo invocar al demonio. Y no parece muy complicado. ¿Por qué no lo probamos?
Ella se quedó sorprendida y, después, preguntó:
–¿Quizá quieres pedirle algo?
–No lo sé... Para verlo, simplemente.
La muchacha hojeó el volumen.
–¿No te has fijado que dice que hay que creer en él? Y nosotros no creemos, ¿verdad?
–¿Quieres decir que no existe?
–Para los que creen en él, sí. Se lo hacen ellos.
–No me lo explicaban así, cuando era pequeño...
- Pero ahora y no lo eres, Dídac. Todo eso era para darle miedo a la gente, para hacer que obedeciera, para que se resignara...
- ¿A qué?
- A muchas cosas. Los que eran muy pobres, por ejemplo, a que los hubiera muy ricos. Ahora eso ya no es necesario. Aquel mundo ha desaparecido y vivimos en otro donde, por ahora, no puede haber injusticia. ¿No te parece que vale la pena vivir sin supersticiones para no transmitírselas a nuestros hijos? ¿Te gustaría que ellos creyeran en el diablo?
Dídac apenas se lo pensó:
- No, por supuesto que no.

(5) Y pese a la respuesta, la conversación le hizo comprender a Alba que aquellos libros podían constituir un peligro. ¿Qué hambriento de poder o de inmortalidad del futuro no podía extraer de ellos los elementos de otra doctrina sobre natural?
Pero se dijo que no tenía derecho a destruirlos, que para los hombres del futuro serían también una fuente de conocimiento de sus antepasados. De hecho, no tenía derecho a destruir nada, puesto que, si lo hacía, caería en aquella categoría de fanáticos, a menudo aludida por su padre, que quemaban todo aquello que no les gustaba y contrariaba sus opiniones; una gente que no creía lo suficiente en sí misma como para respetar, a la hora de combatirlas, las ideas de los demás.
Conservaría los libros, pues. Y se alegró de haber tenido un padre como el suyo, que había estado en prisión para que ella, hoy, pudiera decidir como decidía.

La obra, a pesar del tema, rezuma optimismo y vitalidad, capacidad de sobreponerse ante las adversidades, algo que es atractivo, pero que personalmente me la hace inverosímil todo el tiempo..., quizá mis expectativas eran demasiado altas, quizá soy demasiado mayor :-)

(33) [...]Más tarde desembarcaron en una playita menuda, bajo el camino de Anacapri, donde había gran número de estrellas de mar y, como por todas partes, una enorme cantidad de pájaros, las únicas criaturas ruidosas, con ellos dos, en un paisaje que descansaba como suspendido en el tiempo.
Tanta belleza casi constreñía el corazón y Alba, con un acento extraño, dijo:
–¡Y pensar que de no haberse producido este cataclismo, no lo hubiéramos visto nunca!
Dídac opinó:
–Quizá sí, cuando hubiéramos sido mayores.
Pero ella pensó que, de mayores, Dídac hubiera sido un pobre asalariado, quizás un mecánico, y ella... ¿qué hubiera sido ella?
Le angustiaba la monstruosa certeza de que eran felices sobre una montaña de cadáveres.



Y después justo de acabarlo me encontré con esta canción que me ha parecido perfecta para ilustrar el espíritu de la novela.


Vine aquí demà i tot s’arreglarà
I farem com si mai res hagués passat
I demà plourà i vindràs i follarem a les cabanes
I ens llevarem i tot serà tan blanc a l’alba
I jo m’enfilaré a les teves cames
I jo em capbussaré a les teves mantes
I mai més baixaré d’aquestes teves cames blanques


Cames blanques.- Bedroom




Ven aquí mañana y todo se arreglará
Y haremos como si nunca hubiera pasado nada
Y mañana lloverá y vendrás y follaremos en las cabañas
Y nos levantaremos y todo será tan blanco al amanecer
Y yo me encaramaré a tus piernas
Y yo me zambulliré en tus mantas
Y nunca más bajaré de tus piernas blancas

2 comentarios:

  1. Hola Carmen, hace unos años leí este libro sin ninguna expectativa, más que mejorar mi vocabulario en catalán, y creo que mis impresiones fueron muy parecidas a las tuyas. Recuerdo haber deseado leer el libro con ojos más inocentes, pero ya tenemos una edad... Besos
    Gabi

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  2. Eso sólo significa que tenemos gustos parecidos :-)) , me alegra coincidir contigo, querida. En el fondo creo que he escrito el post para poder poner la canción.
    Un beso.

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