lunes, 27 de enero de 2014

Corriendo para terminar el año: el romano

N.B. Esta entrada estaba prevista para hace tres semanas, pero entonces tuve una terrible noticia que me ha tenido en vilo hasta hace escasos minutos. Y ahora sí que puedo cantar a todo pulmón la canción que cierra este post.

Y al final todo salió estupendamente y la carrera fue perfecta.


En la salida esperando a que la dieran


Este tipo de carreras de fin de año suele tener el colorido de los intrépidos corredores que se disfrazan de lo más inverosímil y, aunque la gente hace gala de su ingenio para combinar eficacia y espectacularidad, la verdad es que correr con semejantes atuendos complica y añade esfuerzo a la carrera. Y desde mi perspectiva me parece grotesco, mi sentido del ridículo es acusado y no pasa por mi imaginación siquiera planteármelo, ya tengo bastante con dosificar las fuerzas para llegar al final . Hasta esa tarde.

La casualidad y la buena forma física que experimentaba -hacía tiempo que no hacía una cursa disfrutando tanto- me llevó a correr durante una buena parte de la misma cerca de un chico de unos treinta y tantos años que iba disfrazado de soldado romano. El disfraz era contundente con su cota de malla, su casco de cepillo y su no menos cargante lanza. Correr con aquello solo podía ser por una promesa, pero él lo llevaba más que dignamente con un ritmo y una zancada que daba gloria verlo e incluso medio posaba para que la gente con cámara que salpicaba el recorrido pudieran sacar una foto con calidad.

Yo iba a su lado intentando mantener el tipo y según llegábamos al que fue mi barrio me iba fijando en la gente que nos miraba por si veía a alguien conocido y, de repente, me di cuenta de que todos estaban sonriendo. Es más, si miraba un poco más allá lo que ocurría exactamente es que su rictus cambiaba según divisaban a mi compañero romano. Y entonces además de correr entre los aplausos y las conversaciones de la gente (se oye todo, oigan) lo hacíamos entre sonrisas. Y según iba comprobando el efecto iba pensando que era maravilloso que un simple disfraz transformara la cara de gente, aunque fuera solo por un instante.

Así que lo tengo decidido: he de disfrazarme. Eso sí, tengo que ser capaz de hacer una marca digna porque sería lamentable ver a una mamarracha disfrazada echando el bofe. Mientras la alcanzo tengo que ir pensando de qué.



Y como decía al principio, fui estúpidamente feliz durante el recorrido y hoy aún más. A veces la vida puede ser un poquito justa.





Estúpidament feliç.- Els Pets
Sé que la feina em va xuclant
la vida per un sou
i que festejo per no quedar-me sol.

Sé que la tele és tan banal
que em fot de mala llet
i tots els amics es casen i truquen menys.

I tot i així hi ha dies en que
entre la gent i els crits
sense motiu i estúpidament
crec que sóc feliç

Tinc ganes de cantar i cridar, de saltar i de riure,
sense cap perquè,
tinc ganes d'oblidar el que sempre m'amoïna
vull estar content. 



Sé que el futur que m'han pensat
és dòcil i global
i que al final qui guanya sempre és el banc.

I es que si ho penses tot plegat
o et deprimeix o et cou
però es massa fàcil i a més no porta enlloc.

Per això cada dia al carrer m'enfronto als enemics
sense motius i estúpidament
amb un gran somrís


Tinc ganes de cantar i cridar, de saltar i de riure,
però sóc molt conscient,

que també vull canviar les coses que m'amoïnen
per a estar content. 



Tinc ganes de cantar i cridar, de saltar i de riure,
sense cap perquè,
tinc ganes d'oblidar el que sempre m'amoïna
vull estar content.


Sé que el trabajo me va chupando
la vida por un sueldo
y que voy de ligue para no quedarme solo.

Sé que la tele es tan banal
que me pone de mala leche
y que los amigos se casan y llaman menos.

Y aún así hay días en que
entre la gente y los gritos
sin motivo y estúpidamente
creo que soy feliz
 

 Tengo ganas de cantar y gritar, de saltar y de reír,
sin ningún motivo,
tengo ganas de olvidar lo que siempre me preocupa
quiero estar contento.



 Sé que el futuro que me han pensado
es dócil y global
y que al final quien gana siempre es el banco.

Y es que si lo piensas todo
o te deprime o te escuece
pero es demasiado fácil y además no lleva a ninguna parte.

Por eso cada día en la calle me enfrento a los enemigos
sin motivos y estúpidamente
con una gran sonrisa


Tengo ganas de cantar y gritar, de saltar y de reír,
pero soy consciente,
que también quiero cambiar las cosas que me quitan el sueño
para estar contento.


Tengo ganas de cantar y gritar, de saltar y de reír,
sin ningún motivo,
tengo ganas de olvidar lo que siempre me preocupa
quiero estar contento.



1 comentario:

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