jueves, 28 de agosto de 2014

Veintiuno

Aquest any m'ha agafat la tristontuna..., que hi farem...




Si me'n vaig abans que ho facis tu, no feu gaire dol
i prepareu-vos un sopar espectacular com si fos Cap d'Any.

Si me'n vaig abans que ho facis tu, no feu gaire dol
i prepareu-vos un sopar espectacular com si fos Cap d'Any.

I que soni aquella cançó
que ens feia sentir, malgrat tot,
tan forts com quan els dos en aquell pont
comptàvem tres segons
i deixàvem caure el cos,
tan forts com l'abraçada a l'aeroport
després de perdre-ho tot.

Si me'n vaig abans que ho facis tu, no feu gaire dol
i no patiu que algú m'ha dit que es viu molt bé sense el pes del cor.

Si me'n vaig abans que ho facis tu, no feu gaire dol
i dediqueu aquells instants de no dir res, de les nits d'agost.

I tingues la certesa
que, tossut, els faré veure
que potser s'han descomptat,
que és massa aviat, que he de tornar.

Sempre que soni aquella cançó
que ens feia sentir, malgrat tot,
tan forts com quan els dos en aquell pont
comptàvem tres segons
i deixàvem caure el cos,
tan forts com l'abraçada a l'aeroport
després de perdre-ho tot. 

Quan soni la tendresa.- Joan Dausà, al seu nou àlbum "On seràs demà"

Si me voy antes de que lo hagas , no hagáis mucho luto
y preparad una cena espectacular como si fuera Año Nuevo.
Si me voy antes de que lo hagas , no hagáis mucho luto
y preparad una cena espectacular como si fuera Año Nuevo.

Y que suene esa canción
que nos hacía sentir, a pesar de todo,
tan fuertes como cuando los dos en aquel puente
contábamos tres segundos
y dejábamos caer el cuerpo,
tan fuertes como el abrazo en el aeropuerto
después de perderlo todo.

Si me voy antes de que lo hagas , no hagáis mucho luto
y no sufráis que alguien me ha dicho que se vive muy bien sin el peso del corazón.
Si me voy antes de que lo hagas , no hagáis mucho luto
y dedicad esos instantes de no decir nada, de las noches de agosto.

Y ten la certeza
que, terco, los haré ver
que quizás se han equivocado,
que es demasiado pronto, que tengo que volver.

Siempre que suene esa canción
que nos hacía sentir, a pesar de todo,
tan fuertes como cuando los dos en aquel puente
contábamos tres segundos
y dejábamos caer el cuerpo,
tan fuertes como el abrazo en el aeropuerto
después de perderlo todo.

jueves, 7 de agosto de 2014

De ciudades, exposiciones y otras cosas

A veces empiezas a vivir en una ciudad extraña por obligación y de la resignación de la aceptación, a veces, -sólo a veces-, surge el enamoramiento del lugar. Y si ocurre un traslado inesperado el duelo y el abatimiento, otra vez, te impide disfrutar de lo nuevo. Pero la adaptabilidad es la virtud de los resilientes (¿quién no es resiliente en esta vida? ¿qué remedio queda?) y poco a poco uno va mirando, luego observando y finalmente se empuja a participar aunque sea desde una distancia.
En ese poco a poco se incluyó hace unos días, bastantes ya, la visita a la estupenda exposición de Henri Cartier-Bresson en la Fundación Mapfre en Madrid que estará hasta el 7 de septiembre. En los enlaces anteriores podrán conocer todos los detalles e interpretaciones sobre la obra de Mr. Cartier-Bresson con mucho más fundamento y conocimiento de lo que yo pueda explicar. Así que a partir de aquí todo es prescindible.

Mi relación con la fotografía se mueve entre la impotencia y el asombro. Mi intención al hacer fotos es que salgan técnicamente perfectas y reflejen la realidad, pero en este afán de vez en cuando sale alguna por error que es magnífica y, de repente, se me abren expectativas que luego vuelven invariablemente a la realidad. Y dado que una no es capaz de inventar al menos sí cabe inspirarse en el trabajo de otros, a ser posible evitando la copia. Por ello me gusta ver fotos, pero no muchas, y el blanco y negro no lo llevo bien. Me pasa como con la poesía, me lleno enseguida. Por ello cuando vi que la exposición tenía lugar en dos plantas del edificio solo pensé que al menos allí dentro había aire acondicionado. Y me dispuse mansamente a hacer el recorrido. Y poco a poco me fui enganchando a su ojo. Porque para ser fotógrafo además de oficio has de tener ojo. Y tacto, ver fotos de gente me gusta tanto como me perturba a pesar de vivir en un mundo donde la exposición pública sea la norma; me resulta especialmente difícil tanto el retrato posado como el robado. Y sí, tengo un absurdo pudor respecto de los desconocidos, pero me encanta ver cómo otros llegan a donde yo nunca podré.

La exposición te va introduciendo poco a poco en la forma de mirar de Cartier-Bresson y su evolución tanto en el tiempo como en la técnica. Y resulta realmente atractiva la forma de trabajar y de plasmar el instante. De hecho sales pensando que tampoco sería tan complicado..., y ahí es donde te das cuenta de que te ha ganado la partida, otra vez.

Que me ha gustado un montón y que yo que ustedes no me la perdería y ahora mismo ya falta menos de un mes para que termine. Y es gratis, además.

Y mientras tanto va transcurriendo agosto feixuc i mandrós... vital i enganxós...