domingo, 4 de febrero de 2018

Una aventura amorosa 33/43

Creo que una ley obligaba a que hubiera una enfermera en la consulta cuando el doctor atendía a una paciente de sexo femenino. A mí me parecía una precaución trasnochada. Ni mucho menos. Increíble cuántas de aquellas viejecitas estaban enamoradas de él.

Hace algunos años tuve que frecuentar más de lo que me hubiera gustado a mi médico de cabecera lo que tuvo como consecuencia que mantuviéramos una relación profesional altamente fluida. Mis visitas se fueron espaciando gracias a su buen hacer y a mi recuperación y tardé una temporada larga en volver a la consulta.
Ese día llegó y cuando fue mi turno, entré en la consulta cerrando la puerta. Expliqué al médico mi molestia relativa a un cierto dolor que tenía en la mama izquierda y entonces se levantó como una exhalación y fue directo a abrir completamente la puerta ante mis atónitos ojos. Acto seguido llamó por teléfono para solicitar que se acercara una asistente y me pidió que me sentara en la camilla para la exploración.
«Es que el otro día me han puesto una denuncia y no quiero volver a pasar por ello»
Parece ser que alguna de sus pacientes le había denunciado porque en su religión descubrirse ante un hombre aunque sea médico es algo pecaminoso. Pero lo gordo es que la denuncia la puso el marido cuando la mujer le contó su visita.
O algo así. Yo me quedé estupefacta pero entendí que no se fiara de nadie.
Qué mundo este, de verdad.

 

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